•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Es a Johann Gutenberg, el impresor alemán reconocido tradicionalmente como el inventor de los tipos de molde a mediados del siglo XV, a quien le debemos el primer libro impreso con caracteres móviles, la Biblia, realizada en 1455 en letra gótica.

A partir de entonces, el arte tipográfico se desarrolla con gran impulso y surgen bien pronto diversas versiones de letras con el francés Claude Garamont, el italiano Giambattista Bodoni y muchos otros diseñadores, como el veneciano Aldo Manuzio, quien desarrolló la letra cursiva. Desde esa época hasta nuestros días, muchas letras con sus formas y estilos más variados han pasado bajo el puente, particularmente en los diseños de la rotulación, que siempre ha cumplido su función comunicativa, sobre todo con la complejidad de la publicidad moderna cada vez más competitiva, empujada con el desarrollo del comercio y la actividad publicitaria a partir de la revolución de la industria y la tecnología. Y el rótulo ya no se conforma con el simple texto caligráfico. Pronto la imagen publicitaria –incluida a veces la figura femenina como elemento simbólico de atracción- se incorpora como un valioso recurso gráfico para formar un conjunto visual que viene a completar y enriquecer el mensaje.

Nuestro entorno, sin pensarlo ni advertirlo siquiera, está rodeado y condicionado por un “paisaje lingüístico”, como le llaman Landry y Bourhis, para referirse a la lengua o combinación de la lengua empleada en anuncios y rótulos comerciales y de edificios públicos, rótulos de calles y carreteras y otros textos escritos en vías públicas.

Todos diferenciamos más o menos los rótulos y textos oficiales de los privados. Los primeros son los que han sido colocados por instituciones públicas y reflejan la política lingüística oficial. Incluyen los nombres de las calles, de edificios públicos, las indicaciones de distintos lugares en la ciudad, etc. Los textos y rótulos privados proporcionan información comercial y pueden estar en distintos tipos de establecimientos como en tiendas, oficinas, bancos, bares, restaurantes...

Por el tiempo que permanecen expuestos al público, los rótulos pueden ser temporales o duraderos. Los primeros anuncian transitoriamente la promoción de un producto o servicio, la realización de una obra pública, un anuncio sobre una actividad socio-cultural, etc. Los duraderos se alargan considerablemente y llegan a constituirse en un símbolo de estabilidad y confianza. A veces, los rótulos de propaganda política -temporales por su naturaleza- se vuelven fastidiosamente duraderos.

Desde el punto de vista del texto, existen cuatro tipos de rótulos: a) de eslogan, b) de presentación, c) comparativos y d) de cualificación. El rótulo de eslogan lleva una expresión breve, de fácil memorización y de cierto impacto emocional: “Sus mejores amigos en el dolor”, se lee en una funeraria. El rótulo de presentación detalla las características del producto o del servicio. “¿Problemas en sus pies”?, dice un rótulo ubicado en el Módulo C-60 en el Centro Comercial Managua, “The global FOOT ¡Tiene la Solución!”. Y detalla sus servicios: corte y limpieza de uñas, extracción de uñas encarnadas, reducción de callos y callosidades, tratamiento de hongos en las uñas, tratamiento especial al pie diabético, atención a pie plano, biomecánica de la marca, belleza de manos y uñas”. Los rótulos comparativos contrastan el bien con el de la competencia. Veamos lo que dice una óptica: “Venga, compare y quédese con nosotros”. El rótulo de cualificación da a conocer los beneficios del producto o servicio: “El carácter humano en la atención médica” se lee en un rótulo de un hospital capitalino.

Como vemos, el “paisaje lingüístico” refleja la vitalidad del uso de la lengua y puede considerarse como una fuente de información sociolingüística. Un rótulo nos llama la atención por su imagen, por su contenido, por la lengua o lenguas en que está escrito o incluso porque contiene algún error, como “Se venden frijoles cosidos” que hemos visto en la pared de un barrio de la capital, o “La cavra matemática” que Sergio Ramírez vio en la manta de un circo en El Jicaral. Incluso, la forma cómo se construye el texto. Un amigo, don Sergio Argüello Valdivia, me contaba el otro día que un agricultor - molesto porque los cerdos del vecindario le estaban arruinando los cultivos- puso un cartelón en la entrada de su finca: “EL QUE TENGA SU CHANCHO QUE LO AMARRE Y EL QUE NO, NO”.

 

rmatuslazo@hotmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus