•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Luis Sáinz de Medrano (Zaragoza, 28 de noviembre, 1928 – Madrid, 4 de julio, 2012) fue mi maestro y un caballeroso amigo. Así comenzó a demostrarlo al tutorarme el curso con el cual completaba los requisitos académicos del doctorado en Filología Hispánica y al dirigir mi tesis sobre la Vanguardia nicaragüense.

El curso versó sobre Pablo Neruda y su producto final fue el ensayo “Neruda y la garganta pastoril de América”, incluido posteriormente en la compilación de autores múltiples, editado por nuestra Academia de la Lengua en 1998. Fue reproducido en el volumen 123, dedicado al doctor Sáinz de Medrano, del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (abril-junio, 2004). No en vano Neruda era una de las especialidades de su vocación hispanoamericanista, centrada en la literatura, como lo confirma la primera conferencia que le escuché en el Colegio Mayor Guadalupe, a finales del 72 y Pablo Neruda / 5 ensayos (Roma, Bulzoni, 1996), su único libro consagrado a un autor de la América nuestra.

Los otros consistieron en cuatro ediciones críticas de las obras representativas de Bernal Díaz del Castillo, Sor Juana Inés de la Cruz, Fernández de Lizardi y José Hernández; y en dos monografías: Letras de la Nueva España (1992) y La conquista literaria del Cono Sur (idem). Realmente, como lo señaló su compañera de labores Marina Gálvez Acero, “apenas hay parcelas de la literatura hispanoamericana que no haya frecuentado con mayor o menor asiduidad desde las Crónicas de Indias al presente, del Barroco a la Postvanguardia”.

Pero su logro más completo correspondió a la Historia de la literatura hispanoamericana / Desde el Modernismo (Madrid, Taurus, 1989). Desde luego, nuestra comarca literaria está bien representada en esa visión panorámica que no pretende retener sino un haz significativo de nombres y obras correspondientes a diversos géneros. Entre ellos destaca a nuestra Vanguardia (JCU, PAC, JP), a EMS, CMR y, especialmente, a Ernesto Cardenal, gestor de una de las líneas esenciales en la poesía viva (los otros fueron Octavio Paz y Nicanor Parra), a quien dedica amplio estudio y un magistral análisis de Salmos (1965).

Otra figura decisoria en la crítica de Sáinz de Medrano es Jorge Luis Borges (1889-1986), tema de numerosas aproximaciones y de la organización de la jornada Borges en España / España en Borges. Mas, sin duda, la colosal de Darío ocupa mayor espacio en su escritura.

Como dariano profesional, Sáinz de Medrano dirigió veinte años la revista Anales de literatura hispanoamericana, fundada en 1972 por su predecesor en la cátedra Francisco Sánchez Castañer, manteniendo la sección “Seminario-Archivo Rubén Darío”, también a su cargo, y que incluía el control de la documentación y el dictado anual de cursos doctorales. No cabría citar aquí todas sus aportaciones darianas. Basta enumerar que indagan la iniciación, la raíz hispánica, las prosas profanas, la modernidad y la crisis europea, los viajes y episodios biográficos, el epistolario, los manuscritos e inéditos, los avatares editoriales, las referencias pictóricas y otros aspectos de Darío.

En otras palabras, un consagrado catedrático vibraba mesuradamente en la personalidad intelectual de don Luis, cuya trayectoria fue reconocida en un número extraordinario —el 28— de Anales de Literatura Hispanoamericana (1999), constando de dos volúmenes que suman 85 colaboraciones de autores europeos e hispanoamericanos y 1,452 páginas. Todo un contundente homenaje jubilar en el que participamos cuatro nicas: además del suscrito, Eduardo Zepeda-Henríquez, Noel Rivas Bravo y Ricardo Llopesa.

A más de cien congresos en España y fuera de ella asistió don Luis. Por algo fue elegido vicepresidente del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, con sede en Pittsburg, rigiendo dos periodos (1973-75 y 1985-97), secretario, presidente, y miembro del Comité Científico de las convocatorias XVII (celebrada en Alcalá de Henares, Madrid, Sevilla, La Rabia y Huelva), XXIII (Madrid, 1984) y XXIX (Barcelona, 1992) del referido Instituto.

A nosotros nos visitó en enero de 1993 (con motivo de un congreso sobre las Obras completas de RD, promovido por una inmediatamente extinta fundación internacional) y en 2004. Tres reconocimientos tuvo en Nicaragua el moderado maestro y noble amigo. Uno en el INCH como miembro honorario, otro en la UNAN-León como profesor honorario y el otro en la Academia Nicaragüense de la Lengua como miembro idem. En la última misiva que recibí de don Luis, me agradeció esa distinción que tenía en muy alta estima.

He ahí, en líneas generales, al exégeta e intérprete de las letras americanas en lengua española que se nos acaba de marchar. Una lección nos deja: la literatura como consolación y los libros como felicidad.

 

* Escritor e historiador