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We built it (Nosotros lo hicimos), un perfecto eslogan para un partido que cree que Estados Unidos le pertenece, que alguien se lo está quitando y que tiene el derecho y la obligación de recuperarlo. Ese fue el eslogan del primer día de la convención republicana en Tampa, dedicado a destacar las virtudes de su candidato presidencial, Mitt Romney, pero también a desacreditar el trabajo de Barack Obama y destruir su imagen.

We built it es, formalmente, la respuesta a una declaración de Obama en la que destacaba la contribución del Estado en el impulso de la economía y el progreso de los negocios. “No, señor presidente”, le contestó Bob McDonnell, gobernador de Virginia y principal responsable de la plataforma electoral que será aprobada aquí, “el gran Estado no construyó América; ustedes la construyeron”, dijo, señalando a la enardecida audiencia.

“Es imprescindible cortar los gastos federales y reducir drásticamente el tamaño del Estado”, advirtió el principal orador de la noche, el gobernador de New Jersey, Chris Christie, que puso como ejemplo el trabajo de los gobernadores republicanos -él mismo eliminó un proyecto de construcción de un túnel para agilizar la comunicación entre New Jersey y Nueva York-, omitiendo, por supuesto, que el índice de paro en su Estado es del 9,4%, mientras que la media nacional es del 8,3%.

Nadie aludió tampoco a la enorme contribución de dinero público que sirvió para evitar la quiebra de toda la industria del automóvil, lo que hubiera supuesto la ruina de la región del Medio Oeste, ni los millones que el Estado se está gastando en garantizar la seguridad de la convención de Tampa o que se gastó en la construcción del majestuoso recinto en el que ésta se celebra.

El modelo de Obama fue presentado, esencialmente, como un ataque al capitalismo, como un modelo antiamericano. “Tenemos 23 millones de desempleados o subempleados porque Obama no sabe cómo funciona el sistema de libre empresa”, manifestó John Sununu, antiguo gobernador de New Hampshire y uno de los principales gurús conservadores en la actualidad.

“Obama ha gastado cuatro años y se ha endeudado en cinco billones de dólares para convencerles a ustedes de que es mejor confiar en que el Estado resuelva nuestros problemas”, dijo el ex candidato presidencial Rick Santorum. “El resultado”, añadió, “es una deuda masiva, un crecimiento anémico y millones más de parados. El plan del presidente no funcionó en América porque no es así como funciona América”.

No hubo más insistencia en las dudas sobre el lugar de nacimiento de Obama, pero sí se dejó traslucir permanentemente que Obama ha importado ideas que no son “americanas”, que el presidente no conoce la idiosincrasia de esta nación y que, en realidad, no pertenece a ella, al menos en términos espirituales. Puede que su partida de nacimiento sea auténtica, pero su alma, desde luego, no es americana.

De acuerdo a esa lógica, puesto que we built it, we want our country back (queremos que nos devuelvan nuestro país), que es otra de las expresiones favoritas de este foro.

No está claro quién se lo ha robado. Nadie se atreve a vincular las sospechas sobre el presidente con el color de su piel o con su continente de origen. Nadie va tan lejos. Es más fácil aludir a sus ideas “europeas” porque nadie encuentra ofensa en ese término. Pero el propósito es el mismo: él, ellos, no construyeron esto, nosotros lo hicimos.

 

* Corresponsal de El País en Washington