Jorge Eduardo Arellano
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El gobierno no sólo debería suspender la propaganda negra que ha estado difundiendo en Canal 4 y Radio Ya en contra de Sofía Montenegro, sino también distanciarse de inmediato, porque el contenido de ese ataque es de tal bajeza y tan degradante de la condición humana, que sólo podría proceder de personas con serias perturbaciones mentales. Nadie medianamente en su sano juicio se ufanaría de semejante degradación. Como recordarán, antes llegaron al extremo de calificar de “narcotraficante” a un periodista de comprobada trayectoria profesional.

Bajo una fotografía de Sofía Montenegro en la que sobrepusieron un signo de dólar, aparece un texto terrible cuyo contenido de tanta iniquidad, uno no imaginaría que alguien podría producir para un programa de televisión o de radio; pero es real, y hasta lo leen con evidente satisfacción locutores de Canal 4 y Radio Ya. Increíblemente, no hay ninguna acusación real contra la periodista, no se le señala de ningún mal proceder, sino de ser hermana de Franklin Montenegro (Sagitario), oficial de la Guardia Nacional (GN) de Somoza, y por tanto, debe cargar con sus culpas.

El perverso mensaje del gobierno adelanta que Sofía Montenegro se ha querido destacar como “gran feminista”, y que su hermano Franklin “formó parte de una fuerza criminal que mataba a las mujeres”. Y luego acusan a la periodista “de continuar el nefasto trabajo de su hermano”. Es decir, la llaman asesina de mujeres, a ella, una feminista de larga trayectoria. ¿En qué cabeza cabe? ¿Cómo se les ocurre hacer semejante extrapolación? Aparecen desnudos en su incapacidad de articular argumentos.

Señalan a Franklin Montenegro y a otros miembros de la GN de asesinar en 1975 a la guerrillera sandinista Arlen Siú. Luego reseñan que la Guardia Nacional asesinó a las combatientes Luisa Amanda Espinoza, María Castil, Claudia Chamorro y Mildred Abaunza, como en efecto ocurrió con ellas y miles de otras nicaragüenses en la lucha contra la dictadura. Estas muertes no se las adjudican a “Sagitario”, pero lo aluden con fórmulas como: “La Guardia Nacional, a la que pertenecía Franklin Montenegro, no sólo mató a la chinita Arlen Siú…”.

Y nuevamente tratan de implicar a Sofía Montenegro por los actos de su hermano y de las fuerzas represivas somocistas al decir: “Otra víctima de la Guardia a la que pertenecía el hermano de la Sofía Montenegro…”. No tienen de qué acusarla y entonces llegan a este extremo de degradación humana de responsabilizarla, no sólo por los pecados de su hermano, sino de toda la GN y la EEBI somocistas. Hay que estar enfermo o
enferma de la cabeza para armar esta trama retorcida.

La manipulación extrema en esta pieza de la infamia no sólo revela una mentalidad fuera de sus cabales, sino también una grave desconexión con la realidad y una subordinación a un pensamiento extraviado que no tiene ni la menor idea de lo que es el respeto a la dignidad humana. Lo único más grave aún, es que esta maligna composición procede de quienes están en el gobierno.

Sofía Montenegro tuvo que sobrellevar el dolor de tener a un hermano que optó por el somocismo, mientras ella abrazaba firmemente la revolución. Luego tuvo que tragarse el tremendo golpe que significó que le mataran a su hermano cuando era prisionero del triunfante FSLN, en 1979. Ahora debe aguantar no sólo que le adjudiquen la actuación de Franklin Montenegro, como si ella fuera responsable de él, sino también de la Guardia en general, y más que eso, pues casi al final de este mensaje siniestro del Canal 4 y Radio Ya, hay un párrafo de antología, producido desde las más oscuras cavernas de un cerebro desquiciado:
“Franklin Montenegro no necesita estar vivo para continuar haciendo las operaciones limpieza que desarrollaba la Guardia Nacional contra las mujeres y contra el pueblo en general: Sofía Montenegro, su hermana del alma, quedó haciéndole ese trabajo con las armas ideológicas!!!”. Imposible caer más bajo.

Aunque en una familia los hermanos y hermanas reciban la misma influencia de sus padres y otros familiares, y aunque convivan juntos, jueguen juntos, y almuercen, vean televisión, vayan a una iglesia, asistan a la escuela, y todo lo hagan juntos, nunca son iguales; hay diferentes caracteres y personalidades y finalmente optan por diversos caminos. Humberto Ortega Saavedra es muy, pero muy diferente a su hermano Daniel, el actual Presidente de la República; y ya no digamos las diferencias entre Zoilamérica Narváez y sus hermanos y hermanas Murillo y Ortega Murillo.

Con la misma argumentación enfermiza en contra de Sofía Montenegro podrían endosarle al principal líder histórico del FSLN, Carlos Fonseca Amador, los errores de su padre, un connotado somocista que le administraba sus bienes al dictador Somoza. ¿Cuántos militantes del FSLN tuvieron hermanos y primos en la GN y la EEBI? ¿Y cuántos heroicos oficiales del Ejército Popular Sandinista tuvieron hermanos combatiendo en la contrarrevolución? ¿Acaso ahora van a derribar los monumentos y la memoria de Marlon Zelaya sólo porque su hermano Henry era dirigente de los contras?
La falta de argumentación junto a la bajeza, son una combinación mortífera para la propaganda. El gobierno está cometiendo un grave error al acudir a la difamación y al irrespeto de la dignidad humana, porque más bien expone en toda su crudeza sus graves insuficiencias, su incapacidad para debatir y su falta de escrúpulos y principios. Y al utilizar con frecuencia el grito, el insulto, la manipulación y la vulgaridad, pierde credibilidad incluso entre sus propias filas.

¿Qué piensan los periodistas de Canal 4 y Radio Ya sobre estas campañas de bajezas? ¿Las repudian internamente o en realidad las comparten? ¿Están de acuerdo en difamar a sus colegas y llegar a extremos tan degradantes como está ocurriendo con Sofía Montenegro? ¿Todavía queda en ellos algún propósito de hacer periodismo profesional o ya renunciaron para convertirse en agitadores partidarios? Quizás no todo esté perdido y todavía reivindiquen las aspiraciones profesionales que los llevaron a estudiar en la universidad en un pasado no tan lejano.

Sudar calenturas ajenas, abrazar escudos partidarios manchados de las ambiciones inescrupulosas de los políticos de todo signo, históricamente ha dividido y debilitado a nuestro gremio de periodistas. Hay que aprender la lección y reivindicar el derecho del pueblo a ser informado con veracidad, es decir, hay que levantar el blasón del periodismo como función social, de modo que el periodista responda a las necesidades de información de calidad que tiene la población para formarse criterios, tomar decisiones y participar en la vida cotidiana y de esa manera ejercer su condición ciudadana y fortalecer la democracia.


(*) Editor de la Revista Medios y Mensajes. gocd56@hotmail.com