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Semanas atrás se celebraba con pompas y tambores el día internacional de la juventud; siempre atento a los articulistas aventajados esperé con paciencia sus escritos de opinión que saltaron como liebres en los medios de comunicación con sus respectivas etiquetas de derecha e izquierda.

En la primera, la juventud en un tono optimista era la vanguardia salvadora por asuntos de medición poblacional, es decir, porque somos más, somos guía, esperanza y la brújula otrora de “tiempos mejores”. En la segunda, el pesimismo quejumbroso de buscar siempre en cualquier lado menos en la juventud los posibles culpables de un fracaso nacional…

La juventud no es una excusa para la idiotez ni un chantaje para obtener réditos por cursar esa etapa biológica, la juventud debe ser la arquitecta de su propia historia, sin embargo, a la fecha, si hay culpables empecemos a señalarnos entre nosotros por no invertir el esfuerzo suficiente de cambiar nuestra realidad.

En nuestro país priva el politicismo característico de países subdesarrollados, donde es común seguir viendo las mismas caras topando los espacios públicos de hace treinta y tres años, con los mismos discursos, vicios e intereses.

Pero por alguna razón, encontramos a gran parte de la juventud apropiada de intereses ajenos y luchas heredadas de otros tiempos que no representan sus demandas reales ni sus luchas personales, sino una carencia espiritual retribuida por la permanencia en bandos colectivistas de izquierda y de derecha que albergan esa “protección” primitiva típica de las pandillas.

La juventud ha pasado de “divino tesoro” a maldita servidumbre de los arrebatos y consignas de sus antecesores que de manera demagógica la nombran sólo para usarla de trampolín o de bastón; lo increíble es que el siervo no sólo sirve y vive para el otro sino que repite lo que el otro dice.

Si escuchamos los “discursos” de ambos bandos juveniles, en el primero se repite la cantaleta de recuperar la Democracia, el Estado de Derecho y otros conceptos mal aplicados y deformados por un “liberalismo” de chancleta; en el segundo bando, como si de un rezo se tratara, nos dicen que Nicaragua es cristiana, socialista y solidaria por obra y gracia del comandante y su sacerdotisa la primera dama.

Pero, ¿cuál es el discurso auténtico de la juventud? Porque en la actualidad lo que hay es una mezcla extraña de palabras importadas del siglo pasado de las viejas tiranías que hasta la derecha reclama como suyas con tal de no quedarse rezagada por sus demagogos competidores izquierdistas, que han acuñado tras sus diatribas una extensa retahíla: justicia social, bien común, patria, pueblo, nacionalismo, estatismo, planificación.

Hayek, en su magnífica e incomprendida obra “Camino de servidumbre”, ya manifestaba los peligros de ese palabrerío desarticulado y demagogo donde asentaron sus bases las dos formas más horrendas del colectivismo: el Nazismo Alemán y el Socialismo Ruso, que exaltaron los izquierdistas y derechistas del siglo pasado.

Sin embargo, como si no guardáramos una memoria histórica, la juventud sigue apropiándose de esas palabras que fueron manipuladas para cometer los peores crímenes contra la humanidad y así exaltar el estatismo totalitario en Nicaragua, como reivindicación de derechos sociales olvidados por los “dieciséis años de gobiernos neoliberales”. Cuando, en realidad, esos dieciséis años de gobiernos neoliberales fueron el abono que cultivó el actual Estado Carnívoro, sin que sus cómplices fueran castigados desde el otro bando sino más bien premiados a través de indultos “populares”.

La juventud entonces es coro y cómplice de que perduren los mismos rostros y rasgos históricos; un grupo por omisión, preocupados por los estándares de la época, IPod, estadios virtuales, celulares, etc. Otros, por acción directa de servidumbre, creyendo que tras la sumisión y halagos se les otorgará espacios políticos; no comprenden que el adultismo pretende quedarse de manera vitalicia y perpetua en el poder porque lo han convertido en un modus vivendi.

Dejemos de especializarnos como “quejólogos” de nuestro entorno. Transformemos los espacios que tanto reclamamos, no excluyendo a las generaciones anteriores sino promoviendo un diálogo intergeneracional entre aquellos que realmente les interesa aportar. Construyamos, a través de la reivindicación de la palabra y con nuestras obras, nuestra propia historia; porque la juventud se envejece y serán otras generaciones que nos reclamen su puesto en la historia.

*Abogado y escritor

irvincordero@gmail.com

http://irvincordero.blogspot.com