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El Dr. Anthony Sutton de la universidad de Londres, enseñó economía en la UCLA y fue investigador para el Instituto Hoover de la universidad de Standford. A su muerte en 2002 tenía publicado varios libros en los cuales soportó sus tesis con rigor científico y abundantes pruebas documentales, legándonos con ellas, información impactante y reveladora.

¿Imagina usted a los banqueros americanos financiando a los revolucionarios bolcheviques? ¿O a las corporaciones estadounidenses apoyando la industria militar nazi? Es un contrasentido a la luz de la historia conocida; pero para sorpresa de todos y decepción de algunos, fue lo que Sutton fundamentó en sus escritos.

Según sus investigaciones, en diciembre de 1917 William Boyce Thompson (del Manhattan Bank) giró a Petrogrado un millón de dólares para la consolidación del movimiento bolchevique que entonces sólo controlaba esa ciudad y Moscú. En 1922/23, bajo la modalidad de ayuda humanitaria, se inyectó más dinero a los rusos, y Lenin introdujo “la nueva política económica” que fue desarrollada con planes quinquenales diseñados por las corporaciones de EU.

La Ford Motor Company construyó la planta Gorki (productora de camiones GAZ) y Averrell Harriman (enviado especial en Europa) se encargó de las exportaciones de manganeso soviéticas. Armand Hammer (magnate petrolero e hijo del secretario general del Partido Comunista de EU) recibió la primera concesión en los Montes Urales en 1922.

En el período de 1928/29 había activos 25 contractos de asistencia; y en marzo de 1930 los rusos tenían firmados 104 contratos, la mayoría sobre industria pesada, con estadounidenses y alemanes.

En los archivos de la segunda guerra mundial, Sutton descubrió que mediante planes como el “lend lease”, EU envió a la Unión Soviética agua pesada, tuberías de aluminio y grafito; componentes esenciales para fabricar bombas atómicas. Para 1976, en plena guerra fría, la cifra en préstamos otorgados a la URSS rondaba los 40 mil millones de dólares; y gracias a eso, los soviéticos desarrollaron las provisiones militares que fueron usadas contra los mismos soldados estadounidenses en países como Vietnam.

Con igual comportamiento, Henry Ford recibió una medalla en 1938 por su ayuda financiera al embrionario partido nazi; y en los registros de Núremberg constan las transferencias al Delbruck Shickler, banco berlinés controlado por Rudolf Hess, secretario político de Hitler.

Empresas de capital americano subsidiarias en Alemania nunca dejaron de abastecer la maquinaria de guerra nazi: La IG Farben producía el Zyklon B, pesticida usado en las cámaras de gas contra los judíos; la General Electric comerciaba con el carburo de wolframio, utilizado en la fabricación de maquinarias para forjar el acero de los tanques y carros blindados; la Standard Oil exportó desde EU grandes cantidades de “tetraetil”, aditivo para el octanaje de la gasolina usada en los aviones alemanes y además transfirió tecnología para que los nazis fabricaran “petróleo sintético” a base de carbón mineral.

La ITT obtuvo su tajada controlando la planta dónde se fabricaban los cazas alemanes; y como dato sumamente interesante el Dr. Sutton menciona que en los bombardeos realizados por los aliados, las plantas de General Electric, nunca fueron dañadas.

En resumen, las corporaciones estadounidenses financiaron, desarrollaron, y se lucraron de la industria bélica del tercer reich.

Ahora, al tenor de esta información, ¿cómo entender este amasijo de contrariedades?, ¿por qué razón un país en conflicto les suministró a sus enemigos los componentes para mantenerse en la contienda? Aquí la lógica se escapa como un pez escurridizo, y sólo reaparece cuando empezamos a comprender que estas acciones no fueron diseñadas por ningún gobierno; éstos sólo son el brazo ejecutor de un plan que fue concebido por un poder que está por encima de ellos.

Para este poder la guerra no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo; es su garantía de que divididos y sufrientes no nos demos cuenta del engaño y así seguir controlando la especie humana como un rebaño. Cuando desatan sus guerras en cualquier parte del mundo con el pretexto de defender la libertad, solamente están haciendo más negocios y realizando una de sus máximas:

“Para esclavizar a un hombre, hazle creer que es libre”.

gingo_2007@yahoo.com