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El caso de la facción de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) que lidera el ingeniero Agustín Jarquín, se presta a múltiples lecturas. El anuncio de su distanciamiento del presidente Daniel Ortega y del Frente, fue recibido en medio de interrogantes y suspicacias. ¿Era genuino?

Sin embargo, la decisión del Consejo Supremo Electoral de inhibir la UDC de participar en las elecciones municipales, podría darle credibilidad a esa supuesta ruptura que aún no termina de abrirse paso entre los espesos matorrales de la incredulidad de diversos sectores sociales.

Pero la decisión del CSE podría ser parte de una operación política diseñada para crear en el electorado la certeza de que Jarquín ya no es aliado del Frente, pero que subterráneamente lo continúe siendo aparentando ser opositor, como ha sucedido con otros personajes y grupos políticos que actúan como quinta columna. Agustín no sería capaz de esto.

No obstante, la clase política, con su comportamiento errático, con sus bandazos, con sus operaciones políticas de todo tipo, con sus manipulaciones, con su capacidad para actuar de cualquier manera, hace que se pueda pensar cualquier cosa sobre sus acciones, sin que ello signifique exagerar.

Solo una sardinita recién nacida podría comportarse como la UDC ante los tiburones blancos del CSE. Es inexplicable que, conociendo los requisitos, hayan presentado su supuesta lista de candidatos en el 80 por ciento de los municipios, sin que fueran los nombres y apellidos de esas personas, solo los nombres de las ciudades. ¿En qué cabeza cabe?

De acuerdo a los irrebatibles documentos dados a conocer por el Dr. Julio Acuña, director de Partidos Políticos del CSE, la UDC no cumplió con los requisitos, pues cuando pretendió subsanar su garrafal e incomprensible omisión, volvió a caer en otro error mayúsculo: presentar menos candidatos del mínimo que exige la ley. No puede ser una inocentada.

¿Cómo es posible que una organización tan experimentada como la UDC, que tiene unos cuadros políticos muy preparados y de los mejores negociadores, no haya cumplido satisfactoriamente con la ley? ¿Qué ocurrió realmente con la dirigencia de este pequeño pero endemoniadamente habilidoso grupo político? Ellos siempre se las arreglan para estar en la jugada y salir siempre en la foto.

Cuando lanzó su candidatura a alcalde de Managua por la UDC, Agustín pudo haber planteado un desafío al Frente, pero por otro lado, le hizo un gran volado a su aliado de tantos años, porque en la práctica dinamizó un proceso electoral que en ese entonces estaba en punto muerto, con los principales políticos opositores en el desértico valle de la incertidumbre. Después de Jarquín, uno a uno, todos comenzaron a lanzarse, excepto el MRS y el Rescate.

Jarquín es un político habilidoso que tuvo la virtud de no dejar de decir algunas cosas que valían la pena durante sus largos años de aliado menor del Frente, pues se refirió con extremos buenos modales a puntos controversiales, así como en otras ocasiones justificó o al menos validó con su silencio algunas arbitrariedades del partido de gobierno. Su estilo bondadoso, educado, gentil y cuidadoso, su hablar pausado y sin descalificar, seguramente le granjea muchas simpatías y pudo ser un gran animador de los comicios en la capital.

Pero él mismo se decapita al no llenar los requerimientos. ¿Por qué no los llenó? ¿Acaso su candidatura no era de verdad? Él motivó a los demás partidos a inscribirse en los comicios, con lo que el Frente se apunta una contundente victoria. Nadie podrá decir que no hay pluralismo.

¿Estamos ante otra compleja operación política o la ruptura de Jarquín con el Frente es verdadera? En cuanto al CSE, simplemente la decisión de última hora de la UDC y, sobre todo, su pequeñez como organización partidaria, no le permitieron cumplir con los requisitos, como en algún momento erróneamente creyó que podría hacerlo.

*Periodista y docente