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Con frecuencia y con preocupación se viene abordando en el país el tema de la institucionalidad. El debate es porque se denuncian las constantes violaciones al ordenamiento jurídico; la conclusión final es que no existe institucionalidad.

No obstante, los enfoques son superficiales, se vende la falacia que la institucionalidad como subproducto de las instituciones, es eterna en el tiempo y en espacio, argumento que está fuera de la realidad histórica, ya que quienes hacen y cambian las instituciones son los hombres; todo de acuerdo a sus intereses políticos y económicos.

La fuerza motriz que mueve la sociedad es el desarrollo de las fuerzas productivas, aquélla crea y forja instituciones a fin de garantizar un ordenamiento, estabilidad y paz social. En la antigüedad, las instituciones que perduraron por siglos fueron la esclavitud, la República, el imperio, el ejército, el matrimonio, la familia, la religión etc. Con el tiempo algunas de estas instituciones caducaron, otras se metamorfosearon, cambiaron de color, pero no cambiaron en cuanto al fondo.

La modernidad viene con el andar del tiempo, éste y aquél son imparables, lo cual obliga a los hombres a adecuar las instituciones. Desaparecieron las viejas como la esclavitud, el modo de producción y sistemas de gobierno, pues éstas ya no respondían a las crecientes necesidades de la sociedad.

En el siglo IX surge el siervo de la gleba y señor feudal; se descentraliza el poder político y económico; aunque siguió vigente la monarquía, el ejército, la religión, empero estas instituciones se reformaron, hubo un acomodamiento, lo que les permitió en parte sobrevivir al empuje de las fuerzas sociales que demandaban profundos cambios.

Las Repúblicas sucedieron a los reinos; los Presidentes de Repúblicas, sucedieron a monarcas; los Consejos de Ministros, sucedieron a las Cortes imperiales; los Congresos, sucedieron al Senado; el Poder Judicial sucedió a los pretores y magistrados; el derecho escrito repuso al derecho consuetudinario; la Constitución política coartó los caprichos y arbitrariedades de los monarcas; los partidos políticos sustituyeron a la iglesia en la lucha por el poder político; la voluntad soberana del monarca la asumió el pueblo con el voto popular.

Las instituciones, o lo que es lo mismo, la institucionalidad, perduran más en el tiempo en la medida en que sus preceptos y disposiciones se aplican con mayor rigidez o inflexibilidad. Cuando las instituciones son débiles y frágiles, nadie las respeta, en esa medida son cambiadas con extrema facilidad. Por ejemplo, la esclavitud se mantuvo por siglos, y todo aquel que intentaba abrogar la institución, era perseguido y reprimido; la familia y el matrimonio han logrado sobrevivir, este último tiende a desaparecer, no así aquella que tiende a fortalecerse.

La institución Estado, con todos sus órganos, poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial, poder electoral, ejército, policía, se niegan a desaparecer, a menos que se le hagan cambios sustanciales en cuanto a su naturaleza represiva. Por el contrario, la clase social que controla el Estado tiende a fortalecerlo más.

La clase dominante promueve la idea de fortalecer los cuerpos represivos, por eso cada año hay una campaña publicitaria a favor de dichas instituciones. Se vende la falacia de que sin los aparatos represivos del Estado todo sería un caos y anarquía total.

*Abogado y Notario