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En El Nuevo Diario de la semana pasada (lunes 10 de septiembre, sección de Economía), se publican cifras de productividad agropecuaria que revelan otra cara de nuestro fracaso como país.

Exceptuando el caso del arroz, y del maní del cual no se publicaron cifras, en todos los demás productos agrícolas importantes (café, frijol, maíz, sorgo, ajonjolí), resulta que la productividad en los últimos cinco años no ha crecido en absoluto, y lo que es peor, permanece más cercana a la productividad que ya teníamos en esos rubros hace un siglo, que de la que tienen países medianamente desarrollados.

Por eso escribo de nuestro fracaso como país, porque si bien al actual gobierno se le puede reclamar no haber hecho nada para que la productividad mejorara en los últimos cinco años, y por el contrario abandonó por puro revanchismo político programas del anterior gobierno, como el “libra por libra”, que al proporcionar semilla de calidad a los productores ayudaba a mejorar su productividad, lo cierto es que la baja productividad no solamente es responsabilidad del actual gobierno sino que como país hemos perdido décadas y décadas.

De nada sirve que el titular del recién creado con el rimbombante nombre de Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria y Cooperativa diga que “debemos trabajar por mejorar la tecnología y la productividad”. Eso lo sabemos desde hace muchísimo tiempo. Lo importante es que diga cómo. Recuerdo el empeño que al respecto puso un destacado profesional y gran ciudadano nicaragüense, Oscar Zamora, quien durante el gobierno sandinista de los años 80 puso sus capacidades profesionales y sus convicciones políticas en apoyo del Ministerio de Reforma Agraria, Midinra. Y prácticamente nada cambió.

Ya he recordado desde estas páginas la sabiduría popular que nos recuerda que “el camino largo hay que empezarlo pronto”. Los cambios en productividad, independientemente de factores climáticos que no son controlables, requieren inversión y tiempo, así que entre más pronto iniciemos esfuerzos al respecto, mejor. Sobre todo ahora que las cifras de productividad publicadas, en base a información oficial, revelan que otro límite al reciente crecimiento económico y hasta auge exportador agropecuario, se asoma en el horizonte inmediato.

En efecto, las exportaciones agropecuarias han crecido por precios altos y volumen. Pero si el precio internacional no lo controlamos, y el volumen ha crecido sin cambios en la productividad, apenas se agote la casi ya totalmente agotada frontera agrícola, ese volumen dejará de crecer. Dios nos agarre persignados si se da en cuanto a los productos agropecuarios el efecto tijera de caída de los precios y estancamiento en el volumen, y peor si éste decrece.

Sería bueno que el Gobierno, mientras anuncia megaproyectos como el Gran Canal, o la refinería “Supremo Sueño de Bolívar”, de gran inversión y sofisticación tecnológica, diga cómo hará para ejecutar esos proyectos si no ha sido capaz de que produzcamos más frijol o maíz por manzana, que cuando ninguno de los nicaragüenses vivos había nacido.

 

*Economista