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La alarma que causó la noticia de que las tasas de interés bancarias para préstamos podrían subir ligeramente en el futuro cercano fue desproporcionada, infundada y carente de lógica económica.

Este año las tasas de interés, tanto para préstamos (activas) como para depósitos (pasivas), alcanzaron su nivel más bajo al menos en los últimos 30 años. De manera que aunque subieran moderadamente, las tasas activas se mantendrían históricamente bajas, y continuarían incentivando el crédito y la inversión.

La presión al alza en las tasas de interés para préstamos se debe principalmente a la reactivación económica del país, que inició a finales de 2010 y que se consolidó durante el 2011 y lo que va del 2012. Esta presión al alza en las tasas de interés, aunque parezca irónicamente contradictorio, debería acogerse como una buena noticia, porque indica que el crédito bancario está aumentando vigorosamente. De hecho, a junio 2012 el crédito crecía de forma interanual, 4 veces más rápido que los depósitos, reduciendo rápidamente los excesos de liquidez que prevalecieron a lo largo del 2010 y 2011.

Es importante señalar, que el posible incremento en las tasas activas sería a lo sumo moderado, pues al menos en el corto plazo, prevalecen riesgos que podrían tener un efecto adverso en el crecimiento, y que dependen del impacto que tengan sobre nosotros la recesión europea, la endeble recuperación de los Estados Unidos de América y el menor dinamismo de países emergentes como China y Brasil. Lo anterior, sin mencionar otros riesgos estructurales que podrían limitar el desarrollo del país a mediano plazo.

En el caso de las tasas pasivas o de depósito, el debate se centra en la causa de la reducción en las mismas. Algunos sostienen que la combinación de la acumulación de los depósitos del grupo ALBA CARUNA en el sistema bancario, en conjunto con la supuesta exigencia del citado grupo sobre los bancos de no usar dichos recursos para otorgar préstamos, fue lo que supuestamente presionó las tasas de depósitos a la baja. La falacia de esta hipótesis es que estos dos factores se contradicen entre sí. El argumento de que los depósitos del ALBA son los causantes que los bancos paguen bajos intereses sobre sus depósitos podría ser válido, si, y solamente si dichos recursos estuvieran disponibles para otorgar préstamos. Porque de lo contrario, para sustentar la pujante expansión del crédito sin poder utilizar los mencionados recursos, los bancos tendrían que haber buscado más depósitos, lo cual hubiera presionado la tasa de interés al alza, y no a la baja.

Entonces, ¿cuáles son las razones de las bajas tasas pasivas? La primera es que la gran perplejidad que generó la crisis económica mundial de 2008 y 2009, llevó a los bancos a tomar la decisión de contraer el crédito más de lo necesario, para acumular liquidez y poder hacerle frente a cualquier eventualidad. La verdad es que el futuro no era tan promisorio desde la colina de septiembre 2008 cuando Lehman Brothers se declaró en bancarrota, y nadie se quería quedar sin silla cuando la música dejara de sonar. Hoy podríamos catalogar eso como exageración, pero entonces lo definimos como prudencia.

La segunda fue que la desconfianza sin precedentes de los depositantes de los países industrializados a raíz de la abrupta caída de Bearn Stearns en marzo 2008 y la cadena de acontecimientos que desembocaron en dicha crisis financiera, drenó la liquidez de los países avanzados y causó un tsunami en los nuestros. A fin de cuentas nuestro mundo es un sistema financiero cerrado, y al igual que en un mundo físico aislado la ley de conservación de la energía nos dice que “la energía no se destruye solo se transforma”, podríamos similarmente decir que la liquidez no desaparece solo se traslada; la diferencia es que la mencionada ley física también nos dice que “la energía no se crea”, pero la liquidez sí, para eso están los bancos centrales.

 

* El autor es doctor en economía de la Universidad de Cornell