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En un mes habrá elecciones en Venezuela. Su importancia es mayúscula. Para el país y sus vecinos. Su resultado afectará a moros y cristianos. A los movimientos populares y desde luego a Nicaragua.

El triunfo de Chávez profundizará la lucha a favor de un modelo de desarrollo socialista y la poca probable victoria de la oposición sería un duro golpe para los países que buscan alejarse del dominio de Estados Unidos. La confrontación con Washington ha sido perenne desde que Chávez llegó al gobierno. En vez de los TLC Estados Unidos-América Latina, el Plan Yanqui, ha promovido la formación de bloques regionales autónomos y ha trasladado recursos e inversiones a naciones pobres con gobiernos progresistas. Ha forjado alianzas con Rusia, Irán y China. Logró entrar al Mercosur. Su gobierno goza de buena reputación internacional. Todo lo cual se vendría abajo de ser derrotado en los comicios.

Venezuela ha sido fundamental para que Cuba capee el bloqueo estadounidense. Los programas de cooperación económica y política son fundamentales para la isla que a cambio de petróleo, proporciona a Venezuela servicios médicos y educativos. De ganar Capriles se suspendería el abasto petrolero a La Habana y miles de médicos y maestros serían repatriados. Ni Dios lo quiera.

La relación con China es estrechísima. El intercambio comercial alcanza 10 mil millones de dólares, 42 por ciento mayor que el del año pasado. Según la ministra de Comercio, la relación con China es la “principal alianza estratégica desarrollada por la política exterior bolivariana con el objetivo de promocionar un mundo multipolar y vincularse cada vez más con Asia. La importancia de esta relación para China apareció en documentos de WikiLeaks, en los que el gobierno del dragón asiático expresaba su preocupación por la salud de Chávez y por las elecciones del 7 de octubre. Pekín ha invertido en Venezuela varios miles de millones de dólares en activos rígidos y préstamos, y ha tenido acceso privilegiado a los recursos petroleros y a otras materias primas. Según documentos de inteligencia, China corre el riesgo no solo de perder mucho dinero sino también perdería la relación preferencial con Caracas.

La guerra mediática contra Chávez ha sido tremenda. Pocos personajes han sido tan difamados por los medios de comunicación. Lo han dado por muerto o padeciendo cáncer incurable. Hasta el rey de España, el cazador de leones africanos, quiso callarlo. A pesar de que internacionalmente lo ridiculizan, en Venezuela es cada día más popular. La misión vivienda entrega miles de casas y la intención de voto a su favor supera el 60%. Su programa electoral tiene cinco objetivos básicos: mantener la independencia nacional; profundizar el socialismo en el país, convertir a Venezuela en potencia en lo económico, lo político y lo social, acabar con la unipolaridad del imperio y contribuir a la salvación del planeta.

El chavismo se propone acelerar la transición hacia el socialismo. Ideal compartido por la mayoría de la población. Para ello busca radicalizar la democracia participativa y enrumbar al país “hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance al socialismo”. En lo internacional sostiene la necesidad de profundizar las alianzas estratégicas bilaterales de Venezuela con los países de la región, “con énfasis en la cooperación con Brasil, Argentina y Uruguay”. Fortalecer el Alba, como el espacio vital del “relanzamiento político de la Revolución bolivariana” y utilizarlo como vanguardia para “el proceso de cambios latinoamericano y caribeño”, dinamizando Unasur y la Celac.

De manera que la moneda está en el aire. Asistimos a una disyuntiva dramática. Radicalización de la Revolución bolivariana que apuesta por un nuevo orden internacional o restauración del neoliberalismo. Los revolucionarios no tenemos donde perdernos, estamos con Chávez.

 

*Docente