•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

“Sí, tiene más boxeo, más experiencia y todo lo que quieras,

pero no me gusta perder, me enoja cuando pierdo.

Osmar Bravo

(Boxeador olímpico nicaragüense)

 

Nuestro boxeador olímpico apela, por demagogia inconsciente, a sus emociones y esperanzas, para acariciar una victoria ilusoria que no se sostiene en la competitividad, ni en el entrenamiento eficaz, con disciplina, desde la más tierna edad, dirigido técnicamente por expertos, sobre un potencial atlético real.

La demagogia es una subcultura que se nutre de creencias, de supercherías y mitos subconscientes. A diferencia de la ideología, cumple una función emotiva más amplia en la formación de juicios subjetivos y de opiniones antojadizas, en todos los terrenos; producto de la falta de método objetivo para aprehender y conocer la realidad.

Esta subcultura se promueve por la desidia intelectual, por la arrogancia discrecional, por la imposición autoritaria de la burocracia, por la impunidad, la suficiencia carente de méritos profesionales, y por la falta de evaluación de resultados.

La comisionada Aminta Granera, en reciente entrevista, declara que en las distintas reuniones en las que se aborda el tema de seguridad, ella ha atribuido que la tasa de asesinatos sea inferior en Nicaragua respecto al Triángulo del Norte de Centroamérica, porque la Policía aquí tiene su origen en el proceso revolucionario de los años 80.

Con ironía, un oyente en Leipzig, preguntó: ¿Entonces --conforme a su versión--, sería necesario que los países con alta tasa de asesinatos hicieran una revolución?

¿Es mérito de la formación política de la Policía de Nicaragua que la tasa de asesinatos sea, en 2011, de 13 muertes por cada 100,000 habitantes?

La Policía es un órgano represivo por excelencia. No puede revertir en lo más mínimo el grado de descomposición social. Su mérito, a lo sumo, para la contención del crimen, radicaría en la disuasión de una represión terrible. Lo cual, va en sentido contrario a la afirmación de la comisionada. Sería, la nuestra, la Policía más represiva de la región.

La demagogia hace que la comisionada centre exclusivamente en la formación política de la institución que dirige (lo cual, además, es una ficción), la explicación del nivel de la tasa de homicidios, al margen de la dinámica de la inequidad social, la marginalidad, la falta de alternativas, las condiciones materiales de existencia de la población, la ideología cambiante, la idiosincrasia… De todos estos factores sociales, objetivos y subjetivos.

Esta explicación subjetiva corresponde a una subcultura demagógica, ya que un factor de los años 80 no explica que esta tasa varíe en Nicaragua de 26 homicidios por cada 100,000 habitantes, en 1992, a 10 homicidios en 2002, y, luego, a 14.2 homicidios en 2010.

Ortega, a su vez, improvisa, sin otro recurso que la demagogia más simple. En ocasión de la visita de la delegación japonesa del “Barco de la Paz”, el 6 de agosto, Ortega, en contraposición lógica al desarrollo sostenible que promueve esta delegación, pronunció el siguiente discurso, en extremo reaccionario:

“El ser humano, aún con todo el avance tecnológico, no puede con la naturaleza. La naturaleza se encargó de demostrar que para ella no hay capacidad humana que la pueda contrarrestar. No podemos con la naturaleza. ¿Quién puede detener un terremoto o un tsunami?, solo Dios”.

Y concluyó enfático con una exclamación apocalíptica, como un profeta de la calamidad: “No podemos desafiar a la naturaleza, ¡desafiar a la naturaleza es desafiar a Dios!”.

En cualquier país, este discurso bastaría para convencer al último ciudadano de la urgencia de destituir de la presidencia a quien fanáticamente se opone al dominio del hombre sobre la naturaleza. Se echaría del puesto a quien no conciba que los recursos nacionales se deban invertir, planificadamente, en conocimiento, en bienes de capital, en tecnología, en infraestructura, en innovación y creatividad, para incrementar la productividad, es decir, la eficacia en la transformación y aprovechamiento de la naturaleza.

Gracias a los estudios desafiantes de la ciencia y a las aplicaciones tecnológicas, el ser humano ha dejado de ser víctima pasiva de las fuerzas naturales.

El desarrollo sostenible enfatiza en ver al ser humano como parte integral de la naturaleza, que se desarrolla en su seno, en armonía con las leyes científicas que inducen a la humanidad a aprovechar los recursos naturales, dentro de la integralidad del conjunto. Bajo esta visión, de la humanidad como parte privilegiada y consciente de la naturaleza, el Dios de Ortega es un extraño amenazante, absolutista y hostil; a su imagen y semejanza, como gobernante reaccionario.

 

* Periodista