León Núñez
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De todos los países centroamericanos, Nicaragua es el país que cuenta con más personas inaccesibles, con más personas importantes. Una de las características de las personas importantes en este país es su inaccesibilidad.

Para un ciudadano corriente es más fácil sacarse el premio mayor de la lotería que conseguir que una persona importante le conceda audiencia. Y si por un rarísimo golpe de suerte la consigue, antes de que lo hagan pasar tendrá que esperar.

El tiempo de espera es un elemento que ayuda a sentir la importancia del que nos va a recibir, y aunque nuestro personaje no esté haciendo nada en su oficina, su sentido de la importancia le indicará siempre que nunca se debe recibir a nadie nada más llegar.

De conformidad con mis registros —yo tengo la costumbre de anotarlo todo— desde 1992 hasta la fecha (1999), por razones de mi cargo, he solicitado audiencia a 40 señores que yo considero de importancia en Nicaragua. He tenido suerte. He podido hablar con 12 de ellos; el 30%. De los doce, cuatro me recibieron con normalidad, sin afectación; sin dominio escénico. Los restantes ocho me recibieron con aplomo inmenso, hablando con mucha propiedad, con fe en el futuro, con aires de no tener pelos de tontos, con la prisa de hombres atareados, con el gesto del que no es subordinado, y con los ademanes de los que tienen la sartén por el mango.

Los 28 individuos súper importantes que no me concedieron audiencia tampoco me la negaron. Las secretarias siempre me decían: me da por favor su número de teléfono para devolverle la llamada. Lo aflictivo de todo esto es que si uno vuelve a llamar una hora más tarde, la misma secretaria nos volverá a pedir el número de teléfono para devolvernos la llamada.

Recuerdo que en una mañana llamé seis veces por teléfono a uno de estos personajines y seis veces, la misma secretaria me pidió mi número de teléfono para devolverme la llamada. Todavía estoy esperando.

En 140 ocasiones intenté alguna audiencia telefónica. Imposible. Los que no estaban en la reunión, estaban con una llamada internacional. Yo creo que hay progreso. Actualmente son más los que están con llamadas internacionales que los que están en reuniones. Antes, la excusa de estar en una reunión era la más socorrida. Actualmente son las llamadas internacionales las que están de moda. “El señor Viceministro... no lo puede atender porque está con una llamada internacional”. Es comprensible que es más importante estar con una llamada internacional que con una llamada local.

Mi mujer dice que ella cree que yo debo empezar desde hoy a buscar importancia y que lo primero que debería hacer es aparentar tenerla; que desde el punto de vista lógico-matemático, que es el punto de vista más exacto, a duras penas tengo un 30% de importancia, es decir, que no soy ni medianamente importante; que si fuera medianamente importante me hubieran recibido 20 personas, que es el 50% de 40, en vez de 12, que es el 30%.

Sin embargo, yo considero que un 30% no está nada mal para una persona como yo, que no tengo —a cambio— nada que dar. Pero de todas maneras, siguiendo el consejo de mi esposa, y para no quedarme atrás en la olimpiada nicaragüense de la importancia, ya instruí a mi secretaria para que, cuando se me ocurra ser importante no justifique mi inaccesibilidad con el pretexto de la llamada internacional.

Le dije que debía contestar en forma más concreta e impactante: “El doctor Núñez no lo puede atender porque está hablando con Washington”. Y además le recomendé que de vez en cuando cambiara de ciudad; que me pusiera a hablar con Londres, París, Tokio o Nueva York para no ser tan repetitivo con la capital norteamericana.