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Nicaragua es el país de las reuniones. Los más aficionados a ellas son los funcionarios del gobierno, es decir, los servidores que nunca reciben a los que tienen que servir; que nunca sirven a los que tienen que ser servidos. Hablar con ellos es misión imposible.

En este país todo se resuelve en reuniones, razón más que suficiente para comprender por qué los funcionarios gubernamentales, desde que se levantan hasta que se acuestan, permanecen en reuniones. El señor Viceministro no lo puede atender porque está en una reunión. Es la respuesta unánime de todas las secretarias.

Yo comprendo perfectamente por qué las secretarias contestan así, pues si lo hicieran de otra manera, si por ejemplo contestaran «el señor Viceministro no lo puede atender porque está ocupado», estarían restándole importancia al citado funcionario, porque en el mundo del figureo es más importante estar participando en una reunión que estar sencillamente ocupado, máxime si tenemos en cuenta de que algún mal pensado podría creer equivocadamente que el señor Viceministro está ocupado en el excusado.

Por otra parte, está de más decir que no se trata de reuniones sin trascendencia. Se trata de reuniones decisivas para el futuro del país. Por esta razón, si insistimos en hablar con el Viceministro -mi personaje inolvidable- recibiremos de la secretaria la inevitable contestación: «Discúlpeme señor, pero yo no puedo interrumpir al señor Viceministro porque la reunión es muy importante». El tono de la respuesta y el énfasis en la pronunciación del calificativo de muy importante, nos hace pensar al instante de que se trata de una reunión en donde se están a punto de resolver los graves problemas que aquejan a la República.

Si al día siguiente volvemos a llamar al Viceministro, con la esperanza de que haya finalizado la reunión del día anterior, la secretaria ya tiene prevista la respuesta:

«el señor Viceministro está fuera de su oficina; anda en una reunión». Es decir, que el señor Viceministro ya no está en una reunión; ahora anda en una reunión. El hecho de andar en una reunión podría interpretarse como que anda en un mitin, en una misa, un velorio, una velada, una kermés o una tertulia danzante, pues indudablemente se trata de reuniones. Sin embargo, salimos de la duda, cuando ante una nueva pregunta sobre la clase de reunión, la secretaria nos aclara: “El señor Viceministro anda en una reunión de gabinete”.

Si al día siguiente volvemos a la carga, porque nos urge hablar con el Viceministro, la secretaria nos dirá que el señor Viceministro ya no está en la reunión, sino que ahora está reunido con Toño y que después se va a reunir con doña Violeta. El tratamiento de confianza dispensado al que fuera Ministro de la Presidencia es un síntoma inequívoco de que la secretaria también empezó a padecer del síndrome del figureo, a no ser que la secretaria se refiera a otro Toño, a Toño Tango de Acoyapa o a algún otro Toño.

Es necesario hacer la observación de que las reuniones no sólo definen un estilo ‑el estilo es el hombre- sino que influyen hasta en el diario modo de hablar. Son frecuentes las expresiones: “Reunámonos mañana; reunámonos el próximo domingo; ¿Con quién te reuniste ayer?; tengo que reunirme con doña Violeta; fulano está caído, porque ya no lo llaman a reuniones”... y así... reuniones van y reuniones vienen... reuniones vienen y reuniones van.

La realidad es que no se pudo hablar con el señor Viceministro, porque si no estaba en una reunión con doña Violeta, estaba reunido con Toño, y si no estaba en una reunión con doña Violeta, ni tampoco estaba reunido con Toño, estaba saliendo apresuradamente en esos precisos momentos a una reunión urgente con el Embajador de Estados Unidos, o con alguien que debemos suponer influye poderosamente en los centros nerviosos del poder, pues hasta ahora no he tenido noticias de reuniones de altos funcionarios con gente que no sea de primera de primera.

La situación ha llegado a tales extremos que si Shakespeare resucitara y viviera actualmente en Nicaragua, la duda de Hamlet sería la de reunirse o no reunirse en vez de la duda de ser o no ser, pues ya los funcionarios no preguntan en dónde se va a celebrar o realizar la reunión, la pregunta es a dónde va a SER la reunión. El SER es empleado en forma substantiva, por lo que la reunión cobra vida —nos lo demuestra el lenguaje— en un modo de SER, en un modo de vivir, en el modo de vivir eternamente en reuniones.