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¿Con qué claves leer El Fabuloso Blackwell de Arquímedes González? La primera aproximación que podemos plantear es que su lectura resulta obligatoria para conocer los entretelones de las salas de redacción en un contexto donde las computadoras apenas asomaban su rostro y la máquina de escribir todavía mantenía su hegemonía, tal como evoca su autor: “Sentí ese profundo e imborrable olor a papel almacenado y el aroma de la tinta combinado con los olores de los líquidos para recolectar fotografía”.

Al sumergirse en las páginas de El Fabuloso Blackwell, la primera impresión es que la historia protagonizada por el periodista novato, el Innombrable o Suspiro y El Flaco, y el talentoso boxeador -“que acosa a sus contrincantes, los presiona, acorrala y aniquila, en un manejo perfecto del espectáculo como si tuviera los hilos para empujar las marionetas a su final y entregarlas dobladas, derrotadas, arrugadas”, como magistralmente describe el autor-, se trata de episodios independientes, pero al final del texto ambas narraciones se enlazan con el desplome de la carrera del Innombrable o Suspiro, quien para su desgracia comprueba que el boxeador Ian Blackwell jamás existió.

A lo largo del texto se hilvanan una serie de debates éticos que van desde el conflicto de interés entre el periodista y la fuente de información, plantea cómo las páginas de Sucesos por mucho tiempo fueron la puerta de entrada de los periodistas novatos; critica el rol de los editores de las secciones de Política, Economía, Internacionales, Opinión, Espectáculos y Sucesos, y desde luego, unas de las lecciones que más saltan a la vista, es que en el periodismo la amistad no existe, mostrando cómo la ambición de Suspiro fue más importante que la amistad que había construido con el periodista novato, su ex compañero de primeras letras en el periodismo. ¿Cómo separar la ficción de la realidad de estos planteamientos?, ¿es un retrato fiel de las redacciones o es pura ficción?

La novela con tono de melancolía pinta cómo los periodistas primerizos muestran su vocación entregándose en cuerpo y alma en las redacciones, no importándoles recibir el desdén de los editores y miradas soberbias de los periodistas más experimentados, con tal de ver su firma plasmada en el impreso al siguiente día. Pero también contrapuntea el prototipo del reportero mal ejemplo, personificado en Vietnam, insistiendo cómo, con el paso de los años, en este oficio se corre el riesgo de caer en la imprecisión, perder la creatividad y caer en la rutina, poniendo de mal ejemplo a Vietnam.

La historia del boxeador Ian Blackwell tiene como contexto histórico el despunte del siglo XXI, con un hecho que marcó la política de Estados Unidos un antes y después, con la caída de las torres gemelas. Está narrada en primera persona con una prosa sencilla, clara y directa rescatando la memoria social e intelectual de uno de los medios más importantes del periodismo y la política en los últimos 30 años: Barricada, y además rescata el ritual del periodismo bohemio del Grupo de los Fondoblanquistas Radicales integrado por El Flaco, Suspiro y el periodista novato, quienes después de cada cierre de edición celebraban con ron, la Coquito y la María, teniendo como escenario Aquí Polanco y El Munich.

¿Qué tienen en común El Fabuloso Blackwell (2010) y Conversación en la Catedral (1969)? Así como el periodista y escritor peruano Mario Vargas Llosa hace un homenaje a los periodistas bohemios de los años sesenta personificados en Santiago Zavala, Zavalita; Arquímedes González también rinde homenaje a la memoria de su entrañable amigo y maestro El Flaco, Noel Irías, uno de los periodistas investigativos más talentosos en Nicaragua.

¿Con cuál personaje quedarme? Entre El Fabuloso Blackwell y El Flaco, me quedo con el último, desde mi perspectiva su texto hay que leerlo con esas claves, como una especie de guía para los estudiantes que desean sumergirse en las aguas del periodismo, y como un ensayo imprescindible por sus técnicas narrativas en la forma que juega entre la ficción y la realidad, y como una novela que valientemente rescata los dilemas éticos del periodismo, cuya tesis continúan frescas en las salas de redacción en Nicaragua.

 

* Comunicador y docente