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Yo ya lo decía. Eso va a terminar mal. El mundo es un lugar peligroso y el mundo multipolar en que vivimos todavía más. Las promesas de la primavera árabe se han trocado en guerra civil en Siria, asaltos mortíferos a las Embajadas de Estados Unidos y un desencuentro creciente entre el Egipto de los Hermanos Musulmanes y Washington. De Israel y la derecha estadounidense surgieron las casandras desde el primer momento. Quien más se equivocó según esta forma de ver las cosas es Christopher Stevens, asesinado en Bengasi el 11 de septiembre, pues apostó por la democracia en Libia desde el primer momento y militó activamente en contra del excepcionalismo antiárabe. Es el primer embajador de EU que muere en acto de servicio desde 1979, cuando Adolph Dubs, destacado al frente de la Embajada de Kabul, fue secuestrado por una guerrilla antisoviética y cayó en un intercambio de disparos entre los secuestradores y las tropas de Moscú que se suponía iban a liberarlo.

Quien también se equivocó y el que más, siempre según esta versión neoconservadora, fue Barack Obama, que tendió la mano a los árabes y a los musulmanes, permitió el derrocamiento de los dictadores que aseguraban su sistema de alianzas, dejó crecer la bomba de los ayatolás y no ha podido frenar la escalada de una guerra sectaria en Siria, una deflagración que amenaza con arrastrar la región entera hacia un enfrentamiento bélico de dimensiones pavorosas.

Ellos ya lo habían dicho y no se les escuchó a tiempo. Estos críticos se han visto en buena parte castigados por la impericia del candidato republicano Mitt Romney, que no ha sabido cerrar filas como es de rigor.

El mundo es más peligroso porque es más multipolar y menos americano. Los de yo ya lo decía han hecho una contribución mayor a esta deriva con los resultados catastróficos que cosecharon sus pretensiones de dominación por la fuerza que aplicaron sobre Oriente Medio. Obama también ha contribuido, aunque de forma limitada, por su escasa capacidad para enderezar las cosas.

 

* El País