•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Asia ha devenido en uno de los símbolos de la modernidad y la globalización, de historias de éxito, de países antes muy atrasados que pueden convertirse en naciones ricas en el curso de una generación.

Pero pese a su vertiginoso avance y el ímpetu modernizador, los demonios del pasado y el nacionalismo están atrincherados en las mentes y los corazones de sus pueblos, amenazando con salirse de sus cavernas para traer el desastre y la guerra.

Para la alarma de Estados Unidos, vecinos y del mundo entero, China y Japón están enzarzados en una agria disputa, de vieja data, por unas islas rocosas deshabitadas del mar de la China Oriental, a las cuales Japón llama las Senkaku, y China, las Diayou.

En esta ocasión, el detonante fue el anuncio del gobierno de Tokio de comprar las islas a un propietario privado, según las leyes japonesas que China no reconoce. Se cree que la zona de las islas es rica en petróleo y gas. No obstante, las razones principales son de índole político.

En China, toda disputa territorial abre las heridas de la memoria histórica del llamado “siglo de humillación” a manos de los colonialistas europeos -quienes impusieron tratados desventajosos y concesiones ofensivas a una China imperial débil y en decadencia-, y del apetito imperialista de Japón que arrebató Taiwán y ocupó Manchuria, una historia de desgracia nacional a la que Mao Zedong y los comunistas pusieron fin en 1949.

Además, la educación y la propaganda comunista de las nuevas generaciones alimentaron la extrema sensibilidad a este tipo de asuntos. Tras el fin de los excesos maoístas y la apertura económica desde 1978, el comunismo cayó en bancarrota como ideología movilizadora, siendo sustituido por el nacionalismo.

Tras azuzar a los demonios nacionalistas, el gobierno del Partido Comunista Chino (PCC) enfrenta reacciones vitriólicas y dispone de un escaso margen de maniobra. Todo aquel gobierno que permita la pérdida de un territorio considerado como chino, será visto como débil y su legitimidad cuestionada.

Consciente de que su ejercicio del poder es un monopolio político, el PCC es muy receloso de su legitimidad. Con seguridad, los dirigentes pekineses tienen en mente las lecciones de la larga historia de China.

Las caídas de las dinastías desde la época de la primera unificación en 220 A.C. eran justificadas moralmente por el retiro del favor del Cielo al emperador gobernante, por lo que era correcta su sustitución por otros que ahora eran favorecidos por la voluntad celestial.

El descontento llevó a menudo en la historia de la China imperial a grandes rebeliones campesinas que echaban abajo el orden existente y abrían las puertas a uno nuevo. El PCC sabe que un descontento masivo empujado por los ánimos nacionalistas podría salírsele de las manos y acabar con su monopolio del poder. Es un escenario que también preocupa a los vecinos y a EU, porque aterra imaginarse un país de 1,200 millones de habitantes sumido en el caos.

Por lo tanto, la disputa con Japón es peligrosa y el recurso a la guerra en el presente o en el futuro, no es descabellado. Por el momento, las manifestaciones en China en varias ciudades no se han salido de control.

Por suerte, los líderes de ambos países han buscado cómo bajar las tensiones, sabedores de los inmensos intereses económicos en juego.

China es el mayor socio comercial de Japón. Las exportaciones japonesas a China representaron 73,540 millones de dólares en la primera mitad de 2012, y las importaciones desde este país totalizaron 91,290 millones de dólares en ese período, de acuerdo a datos de prensa.

La manera cómo los conflictos se solucionan es importante para el futuro de Asia. Por dos razones.

Una es que Vietnam, Filipinas y Taiwán tienen sus propios reclamos territoriales que colisionan con los de China. Si China logra lo suyo, se teme que pueda envalentonarse y aumentar sus ambiciones. Del lado chino, ceder podría ser un estímulo para que Estados Unidos u otros adopten una postura más dura hacia Pekín.

Y dos, la solución a todos estos litigios territoriales darán a los vecinos de Pekín, a Washington y al mundo entero un avance de cómo se comportará China cuando sea una superpotencia.

 

* Analista de asuntos de Asia-Pacífico