•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La semana pasada se dieron tres hechos, íntimamente relacionados entre sí, que abiertamente desafían nuestro futuro como país.

Primero, legalmente se abrió el período de campaña para las elecciones municipales, bajo autoridades electorales, padrón de votantes, sistemas y procesos que han conducido a serios cuestionamientos de su credibilidad. Estas elecciones solamente van a profundizar el modelo de fraude sistémico que se inició en 2008, por no decir en 2006 pues seguimos sin conocer el 100% de los resultados de las elecciones de ese año.

Segundo, se ha anticipado la candidatura de Ortega para el 2016, perfilando con absoluta nitidez sus pretensiones vitalicias. Y tercero, miembros de su descendencia han asumido la vocería de negociaciones estatales en torno a grandes megaproyectos de infraestructura y comunicaciones, también perfilando con absoluta nitidez el carácter dinástico del régimen.

Frente a las elecciones municipales, mi posición ha tenido dos grandes momentos. Al principio dije, y lo sostengo, que la oposición enfrentaba el dilema, que no existe en ningún país democrático, de participar o no en las elecciones en función de la desconfianza en que los votos se cuenten bien. Dije, y repito, que entendía las razones y los costos que pagaban quienes habían decidido participar y quienes habían decidido lo contrario, y que respetaba ambas posiciones. Después, y consecuente con lo anterior, hice un llamamiento a quienes se abstenían de participar para que no hicieran campaña activa por el abstencionismo, y creo es una importante reserva para entendimientos futuros, que no hay de parte de ningún sector político significativo una campaña abstencionista activa. Y que los sectores que han decidido participar no se han enzarzado en una campaña de descalificaciones de quienes no están participando en las elecciones.

He recibido invitaciones de candidatos del PLI para que les acompañe personalmente en sus campañas. Muy a mi pesar, y para ser consecuente con la posición que he sostenido a lo largo de este proceso, no puedo hacerlo, pero no puedo dejar de reconocer el mérito político, la capacidad y el compromiso ciudadano de candidatos como Oscar Flores, de la Cruz de Río Grande, Juan Carlos Bravo de Juigalpa, Rosa María López de Jinotega, Maritza Arauz de Matagalpa, Ana Gutiérrez de Jinotepe, Alfredo Gutiérrez de Managua, Jairo Quiroz de Nueva Guinea, y Jenny Molina de Ocotal, entre otras candidatas y candidatos.

En relación al perfil vitalicio y dinástico del autoritario régimen de Ortega, creo ha llegado el momento, una vez que pasen las elecciones municipales, de que todos asumamos plenamente las consecuencias de la conclusión que no deberá enfrentarse más de lo mismo en el gobierno, con más de lo mismo en la oposición.

Si Ortega ofrece de futuro el pasado, el bien del país requiere que la oposición no haga lo mismo. Es necesario impulsar un proceso de relevo generacional en la política nicaragüense, y nuevas formas de hacer política, no solamente en la perspectiva de articular una oposición al Orteguismo creíble y efectiva, sino una opción de superación de la trampa en que como país estamos, y por tanto, al relevo generacional y a la creación de esa opción de superación debería estar convocado todo el país, y no solamente un sector, si hemos de superar la premoderna polarización sandinismo-antisandinismo que se abrió en 1979, que no se termina de cerrar, y que tanto daño hace.

 

* Economista