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Los diputados orteguistas están hoy concentrados en defender las enormes exoneraciones de impuestos y ventajas al proyecto “El Supremo Sueño de Bolívar”. Construir una refinería fue una antigua promesa del presidente de Venezuela Hugo Chávez, que Ortega presentó al pueblo de Nicaragua como nuestra ventana a la prosperidad. Pero, luego de casi siete años, no hay refinería.

El proyecto de ley que se está discutiendo en la Asamblea Nacional nos dice la verdad. Se trata de la construcción de unos depósitos de combustibles para comerciar petróleo venezolano en el área. Para asegurar condiciones para esa inversión, con dinero del gobierno de Nicaragua se hizo la carretera hasta el sitio del proyecto y se usaron maquinarias del Estado para el movimiento de tierras. Pero su dueño no es el Estado de Nicaragua, sino ALBANISA, una sociedad anónima de múltiples tentáculos en todos los sectores económicos, cuyo socio mayoritario es PDVSA, la compañía estatal venezolana de petróleos.

ALBANISA, entre otros asuntos, suministra energía eléctrica a Gas Natural (DISNORTE-DISSUR) y es, por tanto, acreedor de todos los que somos clientes de esas empresas. Fue ALBANISA la que financió la compra de Canal 8 y el Hotel Seminole, negocios manejados con ánimo de dueño por la familia Ortega Murillo. Y así podríamos seguir.

Es pues, el supremo sueño de la familia Ortega Murillo de lo que estamos hablando: Por eso el proyecto goza de enormes privilegios especiales que no reciben otras empresas, nacionales o extranjeras. El grupo Ortega juega con los dados cargados para construir poder económico real.

Al pueblo de Nicaragua, Ortega le ha dejado las ilusiones, mismas que anuncia como una promoción comercial.

Al pueblo le ha dejado la ilusión de un puerto de aguas profundas en Monkey Point ya hundido en el Caribe. La ilusión de la carretera Río Blanco-Puerto Cabezas, que iba a construir el ejército venezolano. La ilusión de una fábrica de aluminio, envases y utensilios de cocina. La ilusión de una fábrica de láminas de cubiertas de techo. Y sigo con las ilusiones: una fábrica de sacos industriales de plástico para usarse como empaque, la instalación de una planta ensambladora de tractores, un modelo de centro de comunicaciones comunitarias y hasta hoy, nada.

Menciono solamente este listado sacado del acuerdo oficial entre el gobierno de Nicaragua y el de Venezuela firmado en 2007. Todo quedó en el papel, los anuncios grandilocuentes y las fotografías.

Así que ya se sabe lo que la bancada orteguista y aliados en la Asamblea Nacional están aprobando: ilusiones para el pueblo, negocios para la familia en el poder, que de todas formas, no puede hacerse muchas ilusiones de que tendrá tiempo para disfrutar sus corruptelas.

 

* Historiadora