Jorge Eduardo Arellano
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El mejoramiento de la calidad de vida de nuestros habitantes es posible y a un plazo no largo, si en principio unimos voluntades para enfrentar con éxitos los problemas y retos actuales, y para aprovechar las oportunidades que se nos presentan.

El reciente mensaje de su Santidad Benedicto XVI llamándonos paternalmente a superar la “polarización política” que nos impide superar una situación donde se suman la pobreza y las desigualdades sociales y económicas que generan entre otros males la emigración no documentada.

Como bien lo han señalado nuestros Obispos Católicos y Pastores Evangélicos, la necesidad de unirse en torno al bienestar de los habitantes nos convoca a todos los liderazgos: al Gobierno y a la oposición, a empresarios y a trabajadores, a campesinos habitantes urbanos, a periodistas y a dueños de medios de comunicación, a católicos, evangélicos y practicantes de otras religiones que habiten en el país.

El Gobierno tiene una alta responsabilidad, pues a sus líderes, al Presidente Daniel Ortega, se ha confiado la conducción de la nación para realizar el Bien Común. Ciertamente que este gobierno dialoga y dialoga bastante, pero también es una realidad lo que nos advierte el Papá de que se ha aumentado la polarización política que nos divide, separa y debilita, por lo que el Gobierno debe crear un clima de confianza y un ambiente de entendimiento, de unidad en la diversidad, pero además, porque nuestra alianza es abanderada de la reconciliación y nuestro eslogan “Unida Nicaragua Triunfa”, debe tener contenido más allá de la retórica y obliga ser consecuente.

Una primera decisión acogiendo el consejo de Su Santidad sería cesar la campaña negra de ataques e insultos a los críticos y adversarios. Por su lado, la oposición y sus medios que le son afines debieran hacer otro tanto, y sin peder su espíritu crítico, tampoco caer en la ofensa al señalar errores; pero además reconocer los logros realizados y las buenas iniciativas impulsadas por la administración del Presidente Ortega.

Al despolarizar el ambiente y superar la actual “guerrilla mediática”, propiciaremos la unidad de voluntades para administrar mejor nuestras discrepancias y definir una agenda común que nos haga trabajar juntos por la prosperidad, el desarrollo y la felicidad de todos los connacionales.

Viendo los logros de reconciliación y los acuerdos que parecían imposibles realizados en el pasado reciente, como los “Acuerdos de Esquipulas”, estoy seguro que esto lo realizaremos. El asunto es que no lo posterguemos más y sea esta generación y no otra venidera, la protagonista.