León Núñez
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A pesar de que los serviles son tan viejos como el poder, todavía no han sido debidamente estudiados. Los psicólogos y los psiquiatras quizás consideran que el envilecimiento, el rastrerismo y la abyección, tan corriente en la vida política, no forman parte de la sintomatología de ningún desequilibrio mental.

Sin embargo, no se debe descartar la posibilidad de que la conducta del servil, su arte infame de vivir y su despreciable habilidad para sobrevivir, respondan a una mente enferma.

Yo creo que los primeros riesgos que entraña el poder son los riesgos del servilismo y la adulación. Los riesgos son más o menos graves según el grado de inteligencia del servil. Los serviles de inteligencia media y los serviles afectados con algún retraso mental, entrañan riesgos menores porque no pueden ocultar su bajeza. Su servilismo es visible. Ellos avanzan, no caminando, sino arrastrándose. Su máximo desafío intelectual es vivir procurando adivinar lo que quiere el jefe.

En cambio, el servil muy inteligente, es altamente peligroso, porque aparte de su oculta indignidad, de su estudiado desdoro y de su repudiable conciencia, conserva la normalidad en el resto de su psiquismo. Hasta puede dar un rendimiento profesional brillante al mismo tiempo que puede dar una apariencia de normalidad absoluta.

Cuando este tipo de servil se percata de que alguien descubrió el servilismo sutil de sus actitudes, simultáneamente tratará de encubrir mejor su servilismo y buscará en forma astuta cómo destruir al que descubrió su ruindad. Este servilismo corre parejo a la astucia. No solamente vive del golpe sino también del contragolpe de la intriga. Pareciera que el servil inteligente no busca la intriga. La intriga está en él, y se alimenta de secretas cobardías.

Es importante no confundir a los serviles ni con los sirvientes ni con las personas serviciales. Tampoco hay que confundir el servilismo con la cortesía, ni con aquella cortesía que conquista fácilmente a tantos gobernantes. El problema no es fácil de comprender a primera vista porque todos los serviles son sirvientes, corteses y serviciales con el jefe, pero no todas las personas corteses, ni todas las personas serviciales, ni todos los sirvientes, son serviles. La importancia de identificar a los serviles, es decir, la importancia de distinguir entre una persona servil de una que no lo es, hasta puede resultar de vida o muerte para un político, pues en el alma del servil, principalmente del servil inteligente, se esconde el puñal de Brutus.

Por otra parte, la historia nos demuestra cómo muchísimos gobernantes hubieran actuado de otra manera si hubieran identificado la vileza de los que los rodeaban, si no hubieran vivido aislados dentro de tupidas redes de servilismo, oyendo y viendo solamente lo que decían y mostraban sus serviles y los serviles de sus serviles.

Existen algunas actitudes que pueden ser buenas pistas para descubrir a los que padecen de servilismo. Los serviles generalmente demuestran un permanente esmero para mantener aislados a sus jefes; para hacerlos inaccesibles. Toda comunicación tiene que ser por medio de los serviles. La mayoría de ellos, además de tener ojos arrogantes y falsos con sus subordinados, se alertan y cambian inmediatamente en presencia de sus jefes, antes quienes intentan venderse con maquinaciones de subalternos indispensables.

Por principio, desprecian la opinión de la gente honesta y siempre tienen como necesidad vital empañar todo lo que brilla. En los tejemanejes de su cargo, y para agradar a su jefe, desarrollan el arte de presentar y justificar los acontecimientos más injustificables con el placer malsano del adulador. En su depravada actividad hacen del chisme una profesión y del entredicho una conducta virtuosa.

Yo creo que sería de mucho provecho para la política, y por ende para el país, la elaboración de un estudio que tienda a la formulación de una teoría que defina los perfiles psicológicos del servil. Tal vez hasta se podría llegar a formular la teoría del servil nato. Solamente descubriendo a los serviles y conociendo lo que son, y de lo que son capaces, podremos intentar eliminar el servilismo principalmente de la política y de la función pública. Yo pienso que todo nicaragüense con mente sana está consciente del perjuicio que causan los serviles en la vida nacional.