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Las principales fuerzas políticas que se dicen opositoras al gobierno y al Frente decidieron participar en los próximos comicios municipales (excepto el MRS y el Rescate), pese a que durante varios años han estado realizando sistemáticas denuncias de fraude y calificando de ineficaz y corrupto al Consejo Supremo Electoral (CSE).

¿Cómo harán estos partidos políticos para resolver el absurdo que contiene esta contradicción? Al inscribirse en el proceso electoral, ¿estaban conscientes del intrincado embrollo en que meterían a sus simpatizantes? Para sus seguidores es elemental preguntarse: ¿si nos han robado las últimas elecciones, por qué participar en éstas?

Desde el marketing político, conocer lo que quieren los votantes y cómo satisfacer esas necesidades, es un aspecto esencial para diseñar la campaña electoral y la estrategia de comunicación, por lo tanto, ese conocimiento exacto es fundamental para precisar el mensaje. ¿Qué tipo de mensajes deberían elaborar los candidatos para abordar correctamente la contradicción que implica su participación en estos comicios?

Es comprensible que el electorado opositor se interrogue: ¿por qué votar si los dirigentes han dicho casi a diario que el CSE no es capaz de administrar de manera correcta un proceso electoral, y que no puede contar imparcialmente los votos?

¿Qué respuestas tienen estos partidos al electorado opositor? Necesitarán trabajar muchísimo, y de manera brillante, para elaborar un mensaje que medianamente justifique su decisión, porque este es un lío que podría no tener solución. Por ejemplo, afirman que la situación ha cambiado, pero es el mismo CSE que han calificado de ineficaz y corrupto, y al que acusan de ilegal.

Lo que dicen algunos candidatos y líderes políticos es que el lugar que no se ocupa lo toma otro. Pero el lugar que ocuparán será el que les permita la fuerza política que controla al CSE a su gusto y antojo, es decir, tendrán unas migajas, mientras el Frente se apodera de casi todo el poder municipal: una aplanadora que aplasta a cuatro gatos.

El argumento es que en Venezuela la oposición se abstuvo y todo el espacio entonces lo ocupó Chávez, pero no mencionan una diferencia que lo cambia todo: en ese país la institución rectora de las elecciones tiene credibilidad.

Varios líderes políticos también aseguran que ahora es diferente, que están mejor organizados, que tendrán más presencia en las estructurales electorales y que, por tanto, sabrán defender mejor el voto. ¡Nada más ingenuo y falso!, pues el control total de todo el tendido administrativo electoral lo tiene el Frente. La oposición no podrá impedir un fraude si el partido de gobierno pretendiera hacerlo. Y hay dos fuertes razones para pensar que no lo harán: su creciente fuerza de votantes y su urgente necesidad de legitimidad.

También argumentan algunos políticos que si no participaran, perderían su estatus legal. También lo pueden perder de cualquier modo, como les sucedió al MRS y al Partido Conservador, cuando así lo quiso el Frente. Luego los verdes lo recuperaron a cambio de convertirse en partido zancudo, como lo eran en el somocismo.

Otro enfoque es que si todas las fuerzas políticas se hubieran abstenido de participar en los comicios municipales, habrían metido en aprietos a un Frente urgido de legitimidad. Aunque ocupara todas las municipalidades, dejarlo solo habría sido un golpe durísimo para su imagen internacional y local.

Es previsible que, por mucho que lo intenten, los adversarios del Frente no logren formular un mensaje creíble, poderoso, convincente, para que su electorado logre resolver la fuerte contradicción que están viviendo. Y es que la realidad es una variable poderosa muy difícil de sortear. Podría darse una abstención récord.

 

* Periodista y docente