Karla Castillo
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Me va a disculpar el excelentísimo General de Ejército, Omar Halleslevens Acevedo, pero ¿algo le hizo daño el día del aniversario de la institución castrense que usted dirige, o se contagió con los discursos ofensivos y fuera de lugar del presidente Daniel Ortega?
General, me parece que sus diatribas gratuitas echaron por el suelo todo el camino andado para lograr la profesionalización y modernización del Ejército de Nicaragua, institución que tanto respeto se ganó de parte de TODA nuestra sociedad en los últimos 18 años, por haber actuado al servicio de la patria y al margen de cualquier partido político, mucho menos de un caudillo.

Nadie esperaba de usted, un hombre cauto hasta ese día, una alocución en defensa de asuntos absolutamente indefendibles, porque todos pudimos observar que más que a favor de la institución se abanderó de hechos reñidos con la ley, la institucionalidad y hasta los derechos humanos.

No fue correcta la actuación de los soldados en el caso de la Finca El Encanto, y todos lo sabemos, porque los soldados no se enfrentaron con delincuentes, sino campesinos, y la ventaja en cuanto armamento quedó al descubierto. Tampoco lo es la intención de construir en el cerro Mokorón y mucho menos el caso Esquipulas. Pero eso no significa que todo el cuerpo castrense esté actuando mal en su conjunto o esté contaminado hasta los tuétanos por ese tipo de episodios.

Soy del criterio, como muchos nicaragüenses que ya alzaron sus voces, que acciones aisladas que son criticadas por la sociedad, incluyendo a los medios de comunicación, no significan que donde se presione al Ejército va a brotar pus, porque reconocemos los méritos por cambiar de una institución partidista, léase el Ejército Popular Sandinista, a un Ejército de Nicaragua, que acoge cada año a los mejores jóvenes para ser sus futuros miembros, pasando por la Academia “José Dolores Estrada”.

¿Qué ejemplo le da usted a esos jóvenes que llegaron a la Academia Militar dispuestos a servir a la patria? Dirán ellos que es correcto asesinar campesinos, invadir tierras por sus pistolas y apartar a quien sea por la fuerza de las armas.

Da la impresión que esta vez el Ejército ya no quiere estar al servicio de la patria, porque prefiere defender los intereses de sus más altos jefes, a la sombra de un gobernante que a diario crea más flancos enemigos por razones que sólo él ve y por sus propios odios.

Yo nunca recuerdo haber visto a ningún jefe del Ejército, cuando empezó su profesionalización, a partir de los 90, defendiendo posiciones de esta naturaleza. Ni siquiera cuando han ocurrido casos aislados como los que se mencionan últimamente.

Mal haría, General, en cerrar los oídos a las críticas que no persiguen la destrucción del Ejército de Nicaragua, sino la respuesta a hechos reñidos con la justicia y que ponen entredicho a algunos personajes que lucen uniformes con rangos.

Preferiría, General Halleslevens, que continuara usted con sus discursos y conferencias comedidas, a la altura de un hombre que dirige una institución castrense que da protección a nuestras fronteras, defiende la soberanía y mantiene el orden en la zona rural, en apoyo a las tropas policiales.