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Todos los altos funcionarios del orteguismo entrevistados sobre el Mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua han contestado lo mismo: que los Obispos tienen derecho a hablar, que no comentan declaraciones de religiosos, que no lo han leído, etc. Cualquiera se pregunta, ¿cómo es que no tienen algún comentario sobre asuntos del interés nacional, del interés de cada nicaragüense? ¿Es que no viven aquí? ¿Es que tienen prohibido opinar? ¿O es que el mensaje de los Obispos puso el dedo en la llaga? Veamos.

En su Mensaje, reflexionando sobre el ejercicio del poder y la forma actual de gobernar, los Obispos afirman que “la vida política del país está hoy dominada por un estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo”. Hay concentración de poder, deseo desmedido de conservarlo y perpetuarse; manipulación e irrespeto de leyes e instituciones, dice el texto. El poder, afirman, se sigue concibiendo como patrimonio personal y no como expresión de la voluntad popular. Esa situación conduce a la polarización, la corrupción y la intolerancia. A los partidos políticos de la oposición se les demanda interpretar el sentido del pueblo, renovar su liderazgo, ofrecer estrategias para mejorar la condición económica y social de los nicaragüenses.

Al abordar las elecciones municipales, recuerdan que en 2008 y 2011 hubo serias denuncias de fraude e irregularidades graves. Que la apatía frente a las elecciones actuales es causada por esa experiencia y porque, quienes administraron las elecciones anteriores, son los mismos que administran el actual proceso electoral. Los Obispos expresan su respeto a quienes decidan votar y quienes decidan no hacerlo, considerando que todos tenemos razones válidas para ello.

Orientados por esas reflexiones hacen un llamado a ver hacia el futuro, “a replantear el funcionamiento integral del sistema político”, exhortando a quienes gobiernan a observar la Constitución y a restaurar el Estado de Derecho. A todos, gobierno, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, empresarios y medios de comunicación, les invitan a trabajar, cada quien desde su ámbito, por un proyecto de nación, a comprometerse con la construcción de una sociedad más justa y democrática.

A la ciudadanía la convocan a ser activa en la vida pública, a luchar por la democracia, la paz, la justicia, el respeto a los derechos humanos, “denunciando todo lo que se opone a ello”.

El Mensaje de la Conferencia Episcopal contiene palabras justas y precisas, sin rencores, ni servilismo. Son palabras que representan la realidad que vivimos y propuestas para que el país salga adelante. Han hablado como nicaragüenses comprometidos con el futuro de todos. ¿Cómo no estar de acuerdo con esos planteamientos, con esas propuestas? Hacerse oídos sordos a palabras justas es característico de un régimen autoritario que no desea escuchar las voces del pueblo, ni la de sus organizaciones, ni las de sus líderes civiles, políticos o religiosos.

Pero tendrán que seguir escuchándolas, cada vez más alto y más claro. Como subrayaron los Obispos, “podemos tener una patria mejor. No perdamos la esperanza”. Depende de nosotros.

 

*Historiadora

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