León Núñez
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En tiempos del gobierno de doña Violeta no eran pocos los altos funcionarios públicos que celebraban dos veces su cumpleaños. Celebraban primero una fiesta de segunda y posteriormente celebraban una fiesta de primera. No es al revés. Repito. Primero celebraban la fiesta de segunda y después la fiesta de primera.

En la fiesta de segunda el cumpleañero invitaba a algunos empleados de la entidad pública a su cargo, a los parientes pobres, a los amigos sin futuro, etc. En la fiesta de primera el cumpleañero invitaba a amigos y conocidos importantes... que le eran interesantes económica o políticamente.

Debo aclarar que los invitados a la fiesta de segunda no eran invitados a la fiesta de primera, pues aquí el cumpleañero actuaba compartimentadamente. Quizás en la compartimentación de la moral se encuentre el origen de fiestas tan diferenciadas. El cumpleañero lo que quería era que los invitados a la fiesta de segunda no tuvieran relación alguna con los invitados a la fiesta de primera.

En una ocasión un alto personajín de este país, presidente de una entidad estatal, me invitó a su fiesta de cumpleaños. Como ese personajín es de los que celebra dos veces su cumpleaños, no asistí a la fiesta. Me refiero a la fiesta de segunda, que es la fiesta a la que me había invitado. Al día siguiente me enteré de las personas que estuvieron en esa fiesta de segunda. Asistieron sus subalternos más aduladores, su secretaria, una señora que había sido su china, varios amigos venidos a menos, alguna gentecilla esforzada, los parientes plebeyos del cumpleañero y de su mujer, un trío con un cantante al que le faltaban los dientes superiores, etc. No había duda, por la contratación de un cantante chintano y por la calidad de los invitados, de que el mentado personajín había celebrado su cumpleaños con una fiesta de segunda.

Pocos días después el mismo personajín celebró otro cumpleaños con una fiesta de primera, a la que asistieron, según me informaron detalladamente, doña Violeta, el ministro de la Presidencia don Antonio Lacayo y doña Cristiana, ministros, embajadores, presidentes de bancos, tres altos oficiales del Ejército, multimillonarios sandinistas, multimillonarios no sandinistas...

La fiesta fue amenizada por un cuarteto excelente y, a partir de la medianoche la fiesta entusiasmó más a los presentes cuando hicieron su aparición los mejores mariachis de Managua. Tampoco había duda de que el personajín de marras también había celebrado su cumpleaños con una fiesta de primera.

Yo no conozco todavía la verdadera causa del fenómeno de la doble celebración. Voy a realizar un estudio de la compartimentación apuntada, y prometo, desde ahora, publicar los resultados de dicho estudio. Invito a mis lectores a que mediten sobre este curioso fenómeno social, y que estén atentos cuando los inviten a alguna fiesta de cumpleaños; deben saber si la invitación que recibieron es a una fiesta de primera o a una fiesta de segunda.

He hablado con varias personas sobre este tema. Todas las explicaciones se basan en conjeturas. La más extraña es la teoría de un señor de Granada, que me dijo que la costumbre de la doble celebración cumpleañera se debe a un mengalismo altamente desarrollado. Y al manifestarle mi incomprensión por el calificativo de altamente desarrollado me aclaró que dentro del mengalismo existen unos mengalos que son más mengalos que otros.

Yo pienso que para comprender a cabalidad este fenómeno, es preciso empezar por analizar, entre otras cosas, los diversos tipos de personalidad dual del que celebra dos veces su cumpleaños, incluyendo el estudio de la personalidad no sólo del mengalo, del que nos habla el señor de Granada, sino también la personalidad del medio pelo. Es posible que el hecho de que alguien celebre dos veces su cumpleaños responda a una actitud mengalística o mediopelística. El tema es interesantísimo. Pero de momento, una elemental prudencia científica me aconseja no aventurarme en la formulación de ninguna hipótesis.

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