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El Mensaje de la Conferencia Episcopal es un documento de gran trascendencia dirigido, no solo al personal eclesiástico y al pueblo católico, sino “a todos los nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad”. Desde su misión como pastores de la Iglesia, los señores Obispos nos ofrecen sus reflexiones sobre la realidad “a la luz de la fe”, nacidas del contacto con los fieles de las diferentes comunidades y maduradas en su “oración y discernimiento espiritual”.

El resultado es un Mensaje iluminador que, además, señala pautas sobre el camino a seguir en el futuro. Si bien la proximidad de las elecciones municipales dan pie a sus lúcidas reflexiones los Obispos advierten, acertadamente, que la problemática política que vive el país “trasciende el tema de las elecciones municipales”. Y qué mejor que volver la mirada a las enseñanzas de Jesús quien, según el Evangelio de Lucas, condena el modo autoritario de ejercer el poder en la sociedad. La Carta Pastoral cita textualmente las palabras del Evangelio: “Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que las oprimen se hacen llamar bienhechores”. En contraste, nos dice el Mensaje, Jesús propone otro modo de concebir la autoridad, haciendo depender su legitimad en el servicio a los demás: “El que gobierna sea como el que sirve”.

Desde estos principios evangélicos, el Mensaje se pronuncia sobre nuestra actual vida política, la que considera “dominada por un estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo, que se manifiesta a través de la concentración de poder y el deseo desmedido de conservarlo y perpetuarse en él, la manipulación de la ley y de las instituciones y la destrucción de los principios fundamentales que constituyen las bases del Estado de Derecho”. Esta percepción de los señores Obispos sobre nuestra vida política la compartimos la gran mayoría de los nicaragüenses, así como la fuerte crítica que el Mensaje hace a los partidos de oposición porque no logran interpretar el sentir de la población, ni renovar sus liderazgos, por la ausencia de estrategias políticas alternativas y su “gran incapacidad para concebir y practicar la política en función del bien común de la sociedad”.

De ahí la lógica conclusión que extraen los señores Obispos: la urgencia de “replantear el funcionamiento integral del sistema político”, ya que el poder “se sigue concibiendo como patrimonio personal y no como delegación de la voluntad popular expresada en la Constitución y en la ley”.

Haciendo a un lado el tema coyuntural de las próximas elecciones municipales, frente a los cuales la Conferencia Episcopal expresa su respeto por las distintas posiciones y deja a la conciencia de cada nicaragüense la decisión que más justa le parezca, nos parece que lo más importante del Mensaje está en la mirada hacia el futuro.

Es un llamamiento a que todos asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponda en el urgente compromiso de “la construcción de una sociedad más justa y democrática”. En tal sentido, la exhortación va dirigida a todos: autoridades del gobierno; partidos políticos, sectores empresariales, medios de comunicación y organismos de la sociedad civil, para que asumamos el compromiso de “reconstruir el tejido social del país, que se encuentra fragmentado y polarizado, éticamente débil de valores y carente de objetivos comunes”.

El camino que el Mensaje señala es compartido por muchos organismos de la sociedad civil: se requieren diálogos francos, críticos y constructivos, “que ayuden a formular e impulsar un nuevo proyecto de nación” fundamentado en el Estado de Derecho y la solidez institucional, etc… Para ello, cada ciudadano o ciudadana, “tiene el derecho y la obligación de ser sujeto activo en la construcción de la sociedad por medio de acciones concretas de compromiso activo en la vida pública, luchando por la defensa de la democracia, la paz, la justicia y el respeto a los derechos humanos y denunciando todo lo que se opone a ello”.

Finalmente, la Carta Pastoral nos exhorta a no perder la esperanza, para lo cual nos insta a liberarnos de la resignación, del indiferentismo y del conformismo, porque: “Vivir con esperanza es sobre todo creer que Dios quiere una vida mejor para todos y colaborar activamente para que esta sea una realidad”. Solo así podremos “construir un presente más digno y un futuro más luminoso para todos”.

 

* Jurista, educador y escritor

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