Jorge Eduardo Arellano
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La arrogancia, la autosuficiencia, el autoritarismo, la intolerancia, la hipocresía, el cinismo, la bravuconada el fetichismo, el maniqueísmo, etc.

Quizás estoy pecando, blasfemando dirán algunos desde su militancia sandinista cristiana, pero es que así son muchos de nuestros compañeros en el partido (FSLN); la mística dejó de ser un distinguido atributo en nuestros aspirantes de base, así como la sinceridad, humildad; no existe convicción alguna, solamente defectos; es más, algunas de las cosas que señalo como vicios, adquieren un status burócrata, tecnócrata, de funcionario público, etc.

Soy sandinista de aquellos que eran medidos por su actitud de sacrificio, por desprenderse de sentimientos individualistas, de aquellos que daban la vida por la causa, de los que con sus acciones suicidas enfrentaban a la Guardia sin posibilidades de vida alguna, pero no por esto me consagré como mártir. Nunca se trató de eso, ni antes, ni hoy.

Soy responsable de que el FSLN hoy esté en el gobierno o el poder, porque contribuí con mi voto con eso y porque con mi labor como Fiscal de Centro en mi centro de votación, intenté asegurar el triunfo del partido, como efectivamente ocurrió.

Soy responsable de la ejecución de las políticas del gobierno, porque soy miembro del CPC y CLS en mi barrio; soy responsable por defender desde posiciones legales mi ideología sandinista, contribuyendo con eso al fortalecimiento ideológico de mi partido, el FSLN; pero no por eso debo de ser tolerante, ni voy a dejar pasar situaciones que riñen con la moral, con la mística, con la pureza de las ideas sandinistas.

Siento consternación de ver cómo compañeros nuestros, dizque militantes (por conveniencia) de nuevo cuño, ocupan cargos en el gobierno con grandes salarios y cómodas condiciones, sin tener la más mínima preparación académica para ello. Que conste que esta consternación no es porque yo me encuentre en el desempleo, ni mucho menos, sin embargo, posiciones como las que señalo hacen que muchos de estos funcionarios y empleados públicos advenedizos, manejen un discurso y una conducta de servilismo a sus superiores y de abierto rechazo a nuestros compañeros en las bases, provocando con esto un enorme daño al partido.

Igualmente es triste ver cómo algunos nuevos líderes de base o comunales se consagran al mejor estilo pandilleril (sin que esto tenga nada que ver con el partido), defendiendo su propia causa. De ahí que se convierten fácilmente en titulares de noticias, como protagonistas de sucesos, como los ocurridos en la Quinta Nina donde hubo agresiones que dejaron como resultado hechos de sangre y varias víctimas; o como el ocurrido en la Rotonda “Rubén Darío”, donde un periodista resultó herido como si tal hubiera habido un enfrentamiento entre buenos y malos.

Es lastimoso y a la vez da coraje encontrarse noveles líderes comunales y distritales dirigiendo este tipo de trifulcas, inclusive jóvenes que para el partido resultan ser la supuesta cantera o el relevo político, que se dedican a realizar estos actos muy personales, para acumular méritos, sin tener idea alguna del daño que le hacen a la organización que supuestamente pretenden defender.

Pero es más triste todavía encontrarse altos funcionarios del gobierno, burócratas, que sin pudor alguno son capaces de cortarse los pulsos hipócritamente o dar la vida gratuitamente por los principales dirigentes del partido, comprometiendo voluntades y lealtades, todo con el objetivo de conservar su puesto de trabajo y quedar bien con quien lo recomendó, poniendo muy por encima de los intereses del partido sus intereses personales.

Atrás quedó el acto sublime de gallardía y heroísmo de ofrendar la vida por la Patria y morir por las ideas; hoy pareciera que esa mística se destaca más por cuanto daño hacés a los demás, más méritos tenés.

No es posible que casi cuatro quieran pasar por encima de seis, no es ésta la forma de garantizar el triunfo electoral. Un militante, un simpatizante, un trabajador del Estado es un voto que adquiere valor por cuanto y que tan convencido estamos del camino que elegimos. No es a través de una errática conducción de nuestros actos que vamos a demostrar fortaleza; no es tratando de quedar bien con otros que sustentaremos nuestra causa. Es con nuestra forma de pensar que votaremos y ganaremos; no es con actos callejeros y vandálicos, que dejan mucho que desear, que ganaremos en las próximas elecciones.

En lo personal trato de defender mis posiciones ideológicas en el lugar que me corresponde, desde mi barrio, sin apasionamiento, sin dar la vida por nadie; si ya mis posiciones no fuesen aceptadas, eso será resultado de la intolerancia. Entre tanto, seguiremos haciendo mucho mejor esfuerzo por corregir tantos defectos y vicios que contaminan la causa. Somos más inteligentes desde posiciones ideológicas que desde posiciones de fuerzas, independientemente que si ésta es o no una directriz política, que espero no sea así.