Jorge Eduardo Arellano
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La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la democracia. El pueblo siempre necesita de un medio de comunicación que sea guardián de los intereses populares y elabore críticas constructivas cuando el gobierno de turno tome decisiones incorrectas o actúe de forma errónea. Lamentablemente la prensa no es absolutamente nada de lo dicho anteriormente.

Es obvio que la prensa es el guardián de las clases explotadoras de Nicaragua. Pero más triste aún, ahora es guardián de los intereses extranjeros por encima de los intereses nacionales. No es de extrañar, porque son precisamente estas clases sociales las que han propiciado condiciones para la intervención extranjera en nuestro país, y principalmente la clase social a cuyos intereses responde de forma más específica ese periódico: la oligarquía, parasitaria y entreguista por naturaleza, hija legítima del colonialismo español, la más directa y abierta forma de intervencionismo que conoce la historia de Indoamérica.

El descaro con que este periódico muestra su entreguismo se puede probar fácilmente al leer sus editoriales y titulares, donde queda muy claro el gran apoyo que brinda a los intereses expansionistas de la oligarquía colombiana. El conflicto territorial entre Colombia y Nicaragua se remonta a ciento cincuenta años aproximadamente, tiempo durante el cual los sucesivos gobiernos de derecha en Colombia han insistido sistemáticamente en violar la soberanía de Nicaragua basados en un obsoleto documento colonial que nunca tuvo consecuencias prácticas. El actual Gobierno fascista del vecino del Sur ha pretendido intimidar a nuestra patria ubicando su fuerza naval en nuestras aguas territoriales, pretendiendo robarnos nuestras islas y cayos que por referencias históricas y geográficas siempre han sido nuestros debido a su mayor cercanía a nuestras costas.

Ese mismo Gobierno reaccionario que se jacta de obedecer las órdenes de Estados Unidos, también actúa de forma represiva en sus conflictos internos, ya que lamentablemente a lo largo de su historia Colombia no ha podido deshacerse de la maldición de ser dirigida por una oligarquía latifundista, gansteril y terrorista que no concibe políticas progresistas.

La situación de violencia que vive este sufrido pueblo colombiano se agravó desde el asesinato de Eliécer Gaitán, en 1948, un líder de izquierda asesinado por la intolerancia --característica de la clase explotadora-- ante la idea del progreso social y la felicidad colectiva. El pueblo fue adquiriendo conciencia y se levantó en armas organizándose en guerrillas defensivas de supervivencia, a las cuales les fue ofrecida una ficticia amnistía mediante la cual las fuerzas de la reacción tenían como único objetivo que los campesinos alzados en armas abandonaran sus refugios, para poder asesinarlos con mayor facilidad o mandarlos a centros de concentración al mejor estilo nazi.

El presidente Uribe no es más que un continuador de un régimen de terror sistemático que se asemeja a la dinastía Somoza, sólo que en el caso de Colombia, en vez de una estirpe, se encuentra en el poder una asociación de familias mafiosas continuadoras de la conquista y herederas de la traición a Bolívar, verdadera causa de su muerte prematura. La similitud de ese régimen con el somocismo reside esencialmente en su entraña fascista y su carácter pro-imperialista.

En Colombia se ha generado un clima permanente de guerra y se ha militarizado a la sociedad entera, intoxicándola con los medios de comunicación controlados, como siempre ocurre en el capitalismo, por aquellos cuyos intereses se corresponden con la continuidad del actual sistema.

Es un deber de todo aquel ciudadano nicaragüense consciente del sufrimiento que nos dejó la dictadura somocista, rebelarse y protestar contra el flagelo fascista que cada día muestra con más agresividad sus fauces. Los ataques venenosos contra el Gobierno van perdiendo credibilidad rápidamente ante la población nicaragüense, porque se percibe que sólo se basan en un odio personal a Daniel Ortega, y como consecuencia, a todas sus obras, por el simple hecho de ser orientadas por él.

Retomando el tema de la actitud vendepatria de este periódico, es inconcebible el mensaje que se intenta enviar a tod@s l@s nicaragüenses. “La prensa” está promoviendo una innumerable cantidad de anti valores que pretenden corromper el amor a la nación. Un amor que se está empezando a fortalecer gracias a un gobierno que realmente se preocupa por el bienestar de nuestro país. Un amor que fue la causa por la cual muchos hombres y mujeres ofrecieron su vida.

Abramos los ojos y no nos dejemos manipular por un medio de comunicación que vive del odio; pero no nos olvidemos también de abrir los brazos y recibir calurosamente al proceso revolucionario que está basado en el amor y tiene como meta fundamental la felicidad de todas y todos.