León Núñez
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Desde tiempos antiguos se habla de la figura del doble. La encontramos en algunas obras de teatro griegas y romanas. De la sustitución de unas personas por otras se ocupó principalmente Menandro en Grecia y Publio Terencio Afer en Roma. En la Edad Media, en plena expansión del Islam, proliferaron historias relacionadas con el doble. Es famoso el cuento del doble de un monarca árabe que hizo sexualmente de las suyas en un harem. Me refiero al harem del monarca. El cuento termina no sólo con la condena a muerte del doble sino también con la condena a muerte de siete esposas del rey.

De la figura del doble se siguió hablando en la edad moderna y en la edad contemporánea. Es un tema todavía vigente. En la actualidad el doble actúa, por regla general, en función de la seguridad personal del doblado. Son conocidas las historias del doble de Churchill, Hitler, Stalin, Mussolini, Franco, Trujillo, Fidel Castro, etc. Se comentó por muchos años que el doble de Hitler fue el que murió en el Bunker, en Berlín; que Hitler había huido a España, desde donde se trasladó a un país de América del Sur; que vivía tranquilo y confortablemente en una finca, dedicado a la agricultura, bajo nombre falso, y que era difícil que alguien lo identificara porque en Madrid, por medio de la cirugía plástica, le habían cambiado su rostro.

No hay duda que los dobles siguen existiendo, y de que no se trata solamente de los dobles cinematográficos. Un ex‑agente de la C.I.A declaró que algunos políticos, principalmente latinoamericanos, africanos y asiáticos, lo primero que hacen al asumir el mando, es buscarse un doble. Si esto fuera cierto, ¿tendrá su doble el Presidente Alemán? Yo creo que el doctor Alemán no tiene un doble. Según mis cálculos, y por cierto, muy prudentes, el doctor Alemán debe tener por lo menos cien dobles.

Mis cálculos responden a un argumento lógico. En este país aparentemente no existe funcionario público de tercera para arriba, que no viva bebiendo guaro con don Arnoldo, que no viva desayunando con él, que no viva almorzando con él, que no viva cenando con él, que no viva hablando en Casa Presidencial con él, que no se viva telefoneándose con él... Y si parto de la base de que don Arnoldo Alemán no tiene ni el don de la ubicuidad ni el tiempo para tanta gente, tengo que llegar a la lógica conclusión de que, o bien estamos en presencia de una gran cantidad de personas que utilizan abusivamente el nombre del Presidente de la República o bien estamos ante el hecho de que el doctor Alemán no utiliza un doble sino, por lo menos, cien.

Yo me inclino a creer en la tesis de los dobles. Por esta razón, siempre que escucho a alguien decir, por ejemplo, que viene de hablar con Arnoldo lo primero que pienso —para mis adentros— no es que ese alguien está mintiendo sino que ese alguien probablemente viene de hablar con uno de los dobles del doctor Alemán.

Y es que está de moda hacer alardes de tener íntimas como estrechísimas relaciones con el Presidente de la República. A diario y con mucha frecuencia se escuchan frases como: ayer me piqué con Arnoldo, te dejo porque me está esperando Arnoldo, te voy a contar un chiste que ayer me contó Arnoldo, vengo tarde a esta reunión porque no me soltaba Arnoldo, me mandó a decir Arnoldo……. Arnoldo quiere que lo acompañe en el viaje, lo voy a consultar con Arnoldo, etc. “Hijóóóóóó...! Toda la mañana te ha estado llamando Arnoldo, le dijo en voz alta la esposa a su marido -un amigo mío- cuando llegué con éste a su casa a comer”. Se lo dijo así para que yo escuchara. Este amigo es uno de los miles y miles de nicaragüenses de quien no se despega el Presidente de la República.

En un principio yo creí que lo que yo llamo el síndrome de Arnoldo solamente lo padecían los hombres, pero últimamente me he dado cuenta de que también lo padecen muchas mujeres. En los hombres la etiología del síndrome es política. Los lleva a vivir aparentando que son personas importantes; que son personas que mandan. En las mujeres la etiología es distinta; es erótica.

Me decía un amigo masatepino, profundo conocedor del alma femenina, que para las mujeres lo más erótico es el poder. Y tiene razón. Tal vez en la libido del poder se podrá encontrar la explicación del por qué abundan en Nicaragua las mujeres que confiesan orgullosamente haber tenido amores con el Presidente de la República. Y hay algunas damas que hasta entran en más detalles. Mi primer novio fue Arnoldo, dicen unas. Mi primer desliz lo tuve con Arnoldo, dicen otras. Arnoldo fue el amor de mi vida, agregan muchas. Y no faltan las más recatadas que con mirada sugerente y sospechosa me han dicho al oído, como en secreto: Arnoldo es enamorado mío o vos vieras cómo me persigue Arnoldo, etc.

Si diéramos crédito a tantas confesiones de amor, no hay duda alguna de que el doctor Alemán se la habrá ganado a Julio Iglesias, quien declaró hace tres años que en su haber amoroso se podían contabilizar tres mil mujeres. Pero tengo la impresión de que son los dobles del Presidente Alemán, como en el cuento árabe, los que están haciendo de las suyas, con la diferencia de que aquí no existe el harem y de que este cuento no va a terminar ni con la muerte de los dobles ni mucho menos con la muerte de las enamoradas de don Arnoldo.