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Comienza el espectáculo electoral con su secuencia interminable de liderazgos marchitos, en repetitivos anti-conceptos, comprendido como el uso de un término artificial e inexacto de los conceptos legítimos; la consecuencia es una sociedad paralizada por la falta de asignación de valor al discurso.

Esta falta de discurso es producto del estancamiento en la generación de ideas, se copia y se deforma, se descalifica, se asesinan reputaciones y se destruye. Hay una manía de adoptar y no de adaptar, de imitar y no de crear, lo que impide recrear nuestra realidad para poder cambiarla.

La falta de debate, reconocido como una lucha de ideas posicionadas a interpretar desde diferentes ópticas la realidad, ha destruido el consenso imponiendo una suerte de componendas y negociaciones oscuras de cúpulas, luchas callejeras donde se tercia, se extorsiona, chantajea y se manipula la inteligencia del ciudadano para esclavizarlo

Dándole mayor énfasis por conveniencia al conocimiento perceptual que al conceptual, el primero, que es el aprendizaje mecánico, lo compartimos con los animales, y el segundo es el conocimiento razonado, característico sólo de los seres humanos, por ende, el primer paso para conquistar la libertad es promover el conocimiento.

Cuando hay un déficit en el mensaje del emisor ocasiona nula recepción y mayor distorsión de la realidad social, contrayendo de esta manera la capacidad de comunicarse a través de un discurso eficaz; la comunicación efectiva te permite la credibilidad/legitimidad, la legitimidad te proporciona influencia y la influencia da como resultado el liderazgo.

Mientras el oficialismo tiene un plan estratégico bien definido, su debilidad discursiva la compensa con una comunicación efectiva a través de símbolos, por eso la tendencia de crear espejismos para mantener un clientelismo cautivo “Apuntémonos, entonces, a ser los magos del circo. Magos, encantadores, magos y agoreros... esos que anuncian porvenires y los instalan como realidades en las pupilas encendidas”. (Murillo).

En cambio, la mal llamada oposición liderada por un banquero insensible tiende al desorden, a la improvisación y al caos… Siendo una tuerca necesaria para asegurar que gire con “normalidad” el círculo vicioso del sistema, de ahí su natural comodidad y complicidad.

La construcción de una opción opositora implica la creación de un discurso fundamentado con programas funcionales que justifiquen su rol o papel opositor, con una agenda consensuada con las necesidades ciudadanas, que contribuya a solucionar las demandas sociales, que incorpore elementos en la resolución de conflictos, representantes en negociaciones sectoriales, acompañamiento en protestas; que asesore y promueva iniciativas de ley que mejoren la calidad de vida de la población más vulnerable, etc.

Lo contrario es demagogia extrema; basta encender la televisión para confirmarlo: Por Nicaragua… Por mi pueblo… Soy nacionalista… Por amor a mi patria… Justicia social… Bien común… En estas palabras siempre se oculta un estafador que quiere vivir del erario público como parásito, cuando las escuchen siempre sospechen del receptor.

Insisto que es importante la construcción de una identidad opositora donde sus liderazgos sean legitimados por los mecanismos de las elecciones primarias y no por la imposición que dejó una estela de indiferencia y apatía en el elector.

Considero importante resaltar el triunfo electoral de Chávez en Venezuela por ser un proyecto ligado directamente con el autoritarismo nacional; esto implica reflexionar que aún con todo el esfuerzo hecho por la oposición venezolana no fue lo suficiente para ganar. Y aunque el totalitarismo tiende a los suicidios colectivos es importante reflexionar para poder avanzar y no repetir la edición de elecciones pasadas en Nicaragua; hacer una autoevaluación inmediata para aquellos que se están ubicando como oposición lastimosamente de manera desarticulada.

Mientras la iniciativa esté retenida en manos del oficialismo y los otros jueguen a capear el bulto en un sistema de abusos y ordenado por el fraude, no vale la pena recurrir a los procesos democráticos, por tanto, la primera responsabilidad opositora debería ser sanear el sistema electoral si pretende concursar.

¿Se acabó el discurso político en Nicaragua? En realidad ni siquiera tengo la seguridad que alguna vez existió por el alto grado de imitación ideológica que padece nuestro país.

Pero sí, tengo la certeza de que no hay un discurso opositor y por otra parte tanto Ortega como Chávez para perpetuarse en el poder han inaugurado los paraísos artificiales latinoamericanos… ¡Pero en el paraíso también se muere!

 

07/10/2012.

 

*Abogado y escritor