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No hace falta ser pedagogo, para darse cuenta que muchos maestros, especialmente de primaria, están usando métodos de enseñanza que perjudican el desarrollo de la personalidad de los niños, como es el caso del método de recitación, según el cual el papel del maestro es dictar la lección con el libro abierto y el papel del alumno es memorizar y repetir la lección al pie de la letra, hasta de cosas que no entiende.

En ese método de enseñanza, el alumno no hace preguntas que le permitan aclarar sus dudas y hasta teme hacerlas en el aula, por lo que guarda silencio. El maestro sin darse cuenta, afecta el aprendizaje y la formación del carácter. Acostumbra al niño a ser una persona pasiva, que solo repite, que no indaga, no cuestiona, no crea, no cultiva el razonamiento, ni el juicio crítico.

Si aún se practica este método nocivo de aprendizaje memorístico, es por falta de competencia profesional y por pereza del docente. El maestro dicta y toma la lección “al tubo”, para evitarse el trabajo de estudiar y planear sus clases.

Sócrates, (Siglo IV antes de Cristo), nos enseña que educar es enseñar a pensar. Un buen maestro, más que la memoria, busca desarrollar en sus estudiantes el razonamiento, la capacidad lógica, el juicio crítico, la autonomía intelectual, competencias todas ellas que facilitan el éxito en los estudios y en la vida.

Un recurso educativo eficaz y apropiado para promover esas capacidades intelectuales superiores, son las preguntas. Preguntas que hace el estudiante para clarificar sus ideas, preguntas que hace el maestro para hacer pensar al alumno y ayudarle a descubrir, por sí mismo, la verdad.

Sócrates, con ese fin, hace más de 2,400 años, preguntaba a su discípulo Cebes:

-¿A qué categoría diremos que se asemeja nuestro cuerpo, a lo visible o a lo invisible?

-Es evidente que pertenece a lo visible

-¿El alma, es visible o invisible?

-No es visible

-¿Luego es invisible?

-Sí

-¿Cuándo muere un hombre, su parte visible, el cuerpo que llamamos cadáver, le corresponde disolverse, corromperse y disiparse?

-Sí

-Pero el alma, la parte espiritual, va a otro lugar noble y puro, de su misma naturaleza invisible, a la morada de Hades, al lado de Dios bueno y salvo (Platón “Diálogos Sócrates. Fedón”)

Jesús también empleaba la pregunta como una de las herramientas educativas para estimular el pensamiento profundo y reflexivo. Así, en el evangelio según San Lucas:

-“Por ventura, ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en precipicio?” (Lc 6:39)

-“Más tú, ¿Por qué miras la mota en el ojo de tu hermano, no reparando la viga que tienes en el tuyo?” (Lc 6:41)

-“¿Y qué adelanta el hombre ganar todo el mundo, si es a costa suya y perdiéndose a sí mismo?” (Lc 9:25)

Para Pablo Freire, la pregunta es el eje fundamental, el activador del pensamiento para discurrir sobre problemas prácticos de la vida, de la comunidad y del conocimiento. Con la pregunta, nace la curiosidad y con la curiosidad se estimula la creatividad.

Con la educación tradicional, anota Freire, se castra la curiosidad, se estrecha la imaginación y se hipertrofian los sentidos (Freire, Pablo “Hacia una Pedagogía de la Pregunta”).

La Pedagogía de la Pregunta es un componente de la Educación Nueva, que implica no sólo innovar programas, libros, estructuras escolares, sino también rescatar el papel crítico y constructivo de la pregunta. Las preguntas constituyen un instrumento fundamental en la formación del carácter, el desarrollo de la inteligencia y el cultivo de las relaciones de afecto y mutuo respeto de maestros y alumnos.

Es difícil imaginar una materia o situación pedagógica donde no pueda aplicarse este método, que ofrece la posibilidad de participación creativa a los estudiantes.

 

* Psicólogo, Doctor Honoris Causa de la UNAN-MANAGUA