León Núñez
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Los sinsentidos suelen tener también su sentido. Es el caso, por ejemplo, del título de este artículo. Se trata de un término que aparentemente no tiene ningún significado. No lo encontramos en el lenguaje de la economía, de la psicología, de la sociología, de la ciencia política, etc., no está en el diccionario. Sin embargo, tiene en Nicaragua un sentido funcional muy importante.

El dinorismo es una palabra que se deriva del nombre de una amante de Somoza conocida como Dinora o Dinorah, que en los últimos años del somocismo llegó a tener un poder extraordinario, increíble, hasta tal punto que conseguía nombramientos de embajadores, ministros, etc. Era una mujer que mandaba a la redonda.

Quizás el dinorismo debe ser primeramente estudiado desde el punto de vista de la filosofía. Yo siempre he creído que el método filosófico es el método más apropiado para investigar las realidades metalingüísticas como son, entre otras, las realidades que dan sentido a los sinsentidos semánticos.

La vinculación del dinorismo a una referencia semántica constituye efectivamente un sinsentido semántico, pero la vinculación del dinorismo con la función pública nos plantea una de las facetas de la lucha sexual, de algunas mujeres, por conquistar espacios de poder. Esta lucha debe relacionarse, a efecto de su análisis, con las apasionantes relaciones amorosas de una mujer, soltera o casada, con un hombre que ejerce una función pública. Aquí nos encontramos con uno de los ejemplos más elocuentes de cómo la sexología tiene también algo que decir sobre el poder.

El dinorismo al estar ligado a la función pública está sujeto al principio de jerarquía administrativa. Esta jerarquía aparece constituida por líneas y grados. Las líneas son ramificaciones que comienzan en el superior y descienden a las últimas capas de funcionarios, líneas cuyos eslabones son los grados, siendo los grados los diversos centros de autoridad constitutivos de las líneas.

Este principio de jerarquía explica, por ejemplo, el porqué la dinora de un Ministro manda más que la dinora de un Viceministro y el porqué la dinora de un Viceministro manda más que la dinora de un Director General...

Ya el hecho de que la dinora de un Ministro mande más que el propio Viceministro responde a una realidad innegable, pero se trata de una desnaturalización del principio de subordinación, o en otras palabras, responde a lo que yo llamo la colateralización del efecto reflejo del principio de jerarquía.

Antes de julio de 1979, en “aras de la moralidad revolucionaria” se defendía la tesis que explicaba el fenómeno dinorístico como algo propio de la derecha nicaragüense, en la más somocista y erótica de sus manifestaciones. Se concebía que esta especie de derechismo sexual formaba parte de la más triste antología de la inmoralidad somocista. Se hablaba de la existencia de diferentes clases de dinoras. Se hablaba mucho de la dinora del jefe, de Somoza; se hablaba de dinoras y dinoritas. Era evidente que no estaba bien considerado, perdía distinción, el alto funcionario público somocista que no tenía su dinora.

A partir de 1977 el dinorismo se convirtió en un factor muy importante de la vida política nacional, pues llegó hasta influir en forma decisiva hasta en el nombramiento de funcionarios públicos e inclusive se sabía de la conveniencia de contar con apoyos dinorísticos para hacer negocios al amparo del gobierno.

Después del 19 de julio de 1979, contrariamente a lo esperado, las dinoras se multiplicaron increíblemente. El dinorismo se expandió, y aunque no hubo cambio de camas, pues los sandinistas siguieron utilizando las mismas camas que dejaron los somocistas, sí hubo cambio de signo. Podría decirse, por consiguiente, que al dinorismo de derecha le sucedió el dinorismo de izquierda. Es inobjetable que los nicaragüenses hasta en el dinorismo hemos sido extremistas.

Algunos amigos míos, que dicen conocer muy bien este país, me han dicho que es imposible erradicar el dinorismo de Nicaragua, y que frente a esta imposibilidad no nos queda más remedio a los nicaragüenses que edificar un dinorismo moderado, muy alejado de los extremismos; que debíamos explorar la posibilidad de construir un dinorismo de centro. Recordemos lo que decía Aristóteles, de que en el centro está la virtud.