• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

No se trata aquí de restarle méritos a personaje alguno: No. Solamente de buscar la verdad indagándola a través de la historia, del mito o de la tradición. En todos los pueblos del mundo existe una memoria colectiva que se manifiesta mediante la tradición oral de generación en generación. Algunos historiadores la ignoran; otros, no la dan a conocer. En Masaya, como en todo pueblo, existe esa memoria. En este momento haré uso de una de tantas que conozco acerca de los acontecimientos durante la batalla del 4 de octubre de 1912.

Al frente de las tropas liberales, defendiendo el bastión principal de la ciudad ubicado en el cerro El Coyotepe luchaba el valiente coronel masayés de cuna humilde, Don Isidoro Díaz Flores, atacado por tropas obviamente superiores en número y armamento.

Después de varias horas de heroica lucha, se vio obligado a rendirse, junto a sus soldados y armas. Se cuenta que cuando Pendlelton, el general norteamericano que comandaba las tropas enemigas, le preguntó por qué se había rendido, el coronel Díaz Flores le contesto: “Se me acabaron las balas”, al mismo tiempo que le ofrecía su espada en señal de rendición. El gringo no quiso tomarla y a continuación condujo al prisionero en medio de dos filas de soldados yanquis.

El general Benjamín Zeledón, como jefe de las tropas liberales, siempre permaneció dirigiendo a su ejército desde el comando central ubicado en el baptisterio de la parroquia de nuestra Señora de La Asunción de Masaya, lugar desde donde emitía sus proclamas, redactadas y enviadas por el doctor Ricardo Alduvín, prestigiado exiliado hondureño.

El general Zeledón, al conocer la rendición del coronel Díaz Flores, se retiró hacia los pueblos blancos en cuyo camino encontró la muerte en medio de una escaramuza contra tropas contrarias, siendo enterrado en Catarina.

Masaya, 4 de octubre, 2012.

* Abogado y Notario Público