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Recientemente los países centroamericanos y caribeños realizaron en Panamá el IV Encuentro Internacional contra el trabajo infantil, liderado por Fundación Telefónica y la Organización Internacional del Trabajo, OIT. Este proceso de reflexión e intercambio de experiencias exitosas expresa que organismos privados y públicos pueden contribuir a superar este flagelo humano y social, que atenta contra el desarrollo integral de la niñez, e impide el logro del desarrollo humano. No resolver esta problemática integralmente, hipoteca el futuro de la niñez y del país.

Los temas en debate son diversos y están articulados entre sí. El trabajo infantil peligroso en agricultura, la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes, las políticas de lucha contra la pobreza, nuevas formas de movilización social y metodologías innovadoras de educación, son algunas de las perspectivas que se están tomando en cuenta.

El sistema educativo formal del país lucha cada día para integrar en sus aulas a la niñez y adolescencia trabajadora. Esta lucha merece ser compartida por el gobierno, instituciones públicas y privadas y la sociedad organizada. Mientras instituciones y sociedad no sean sensibles a este problema, difícilmente podrá resolverse integralmente. El trabajo infantil peligroso en agricultura lo realiza el 60% de la infancia trabajadora en el mundo y, en nuestro país, posiblemente será mucho mayor. Trabajan en las unidades productivas familiares o remuneradas, en agricultura de subsistencia y explotaciones, plantaciones o complejos agroindustriales, en que abundan riesgos y peligros para la infancia (productos químicos, picaduras, cargas pesadas, largas jornadas, exposición a altas temperaturas, etc.). Tales circunstancias se consideran peligrosas y prohibidas para menores de 18 años. Se dan principalmente en el ámbito rural, por lo cual, se debe analizar la problemática con perspectiva más integral, atendiendo aspectos tales, como políticas de desarrollo rural, lucha contra la pobreza, prácticas sostenibles, soberanía alimentaria, trabajo decente en agricultura (Convenio Nº 184 de la OIT).

Particularmente, es imprescindible fortalecer acciones en marcha en el país en ámbitos tales como educación, salud, prevención de migración, sensibilización, legislación e inspección, dirigidas a poblaciones más vulnerables como indígenas y migrantes, desde una perspectiva de interculturalidad y género.

Ya en el país se están desarrollando tímidamente iniciativas interesantes de empresarios, cafetaleros y del Ministerio de la Familia. No obstante, es amplia la brecha de necesidades existentes, lo que requiere más sensibilización social, visibilizando y transfiriendo tales experiencias exitosas, un ejemplo al que también debiera sumarse el COSEP.

Otro ámbito es la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes. Es una forma de violencia sexual y maltrato infantil, pues utiliza al menor como objetivo sexual y comercializable. El turismo sexual es considerado también en estos términos. En el país son claras estas manifestaciones, siendo muchas más las no evidenciadas. El Convenio 182 la considera como la peor forma de trabajo infantil. La discriminación de género es fuente de esta explotación, al nutrirse de relaciones de dominio en distintos ámbitos. Ello demanda intervenciones del estado y la sociedad denunciando, normando, atendiendo a las víctimas, diseñando políticas para familias vulnerables en exclusión, sensibilizando, con investigación policial y judicial.

Otro ámbito prioritario son las políticas de lucha contra la pobreza. La pobreza genera trabajo infantil y éste genera pobreza. Por ello se deben vincular las políticas de prevención y erradicación del trabajo infantil con políticas de lucha contra la pobreza. Es importante ampliar el debate social al respecto, en tanto éste se ha reducido a programas de transferencia y subsidios, siendo importante introducir aspectos innovadores e integrales con visión de desarrollo.

Un ángulo importante de la problemática reside en las metodologías que se utilizan en la educación. Los cambios mundiales y científico-tecnológicos obligan a la escuela a actualizarse y gestar iniciativas pedagógicas innovadoras para este sector. Se demandan escuelas flexibles, inclusivas, abiertas a esta diversidad, pertinentes en sus currículos, métodos y estrategias de enseñanza. El rol clave del docente demanda reconocimiento justo, formación pertinente y recursos didácticos que fomenten aprendizajes relevantes y significativos. Es necesario que las familias aprecien las ventajas comparativas de la educación frente al trabajo infantil. Mientras el estado y las organizaciones sociales no gesten iniciativas pedagógicas novedosas y motivadoras, la tentación del trabajo infantil prevalecerá. Es imprescindible concertar un pacto educativo con contenidos y métodos innovadores para mejorar el acceso, rendimiento escolar, permanencia y promoción. No hacerlo supone aceptar que continúe activa esta principal fuente del analfabetismo.

* IDEUCA