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Cuando las reglas del juego ya están claramente definidas, o dicho de otra manera: cuando la institucionalización de un estado se ha alcanzado a través de su marco legal por excelencia; la Constitución de la República, los ciudadanos, pueden desarrollarse en medio de ese acuerdo fundamental que norma los derechos de las personas sin afectarse mutuamente.

Lo anterior conduce a que cualquier ciudadano tiene plena libertad de generar riqueza, solventando las necesidades de la sociedad a través de su desarrollo individual. Este es un proceso básico bajo el cual progresa una sociedad donde las reglas del juego están definidas y son respetadas.

En años anteriores, distintos gobiernos se vieron afectados y desestabilizados por las innumerables protestas “ciudadanas” que demandaban asistencia ante las cambiantes condiciones socioeconómicas del momento. De las más memorables están las protestas del sector transporte demandando subsidio gubernamental por los crecientes precios de los combustibles.

Hoy el sector selectivo, o de los taxistas, realiza protestas similares demandando una serie de elementos que les permitan ser rentables o visto desde un punto de vista más filosófico, generar riqueza.

Más allá de la demanda, que pudiera ser legítima, están los conflictos de intereses de personas vinculadas al oficialismo, quienes hacen negocio amparados en su condición de autoridad y haciendo competencia desleal, de acuerdo a declaraciones de algunos líderes de las protestas.

Por otro lado, las autoridades competentes realizan acuerdos con algunos miembros del sector sin tomar en cuenta al resto.

El caos generado por los plantones ha causado incalculables pérdidas a distintos centros comerciales, inconvenientes a miles de civiles, quienes no podían transitar libremente, y el impacto creado en la sociedad ha sido recibido de forma negativa hacia los protestantes.

Lo curioso es que la percepción de la gente parece ser más negativa por la forma de la demanda y no por el fondo de la misma. Esto pareciera decir que si no respetamos las reglas del juego, violentamos las libertades individuales de las personas y además nos aprovechamos de nuestra condición de poder para enriquecernos, a la ciudadanía no le molestaría mientras no interfiera con su vida cotidiana.

Sin embargo, las grandes diferencias en la calidad de vida y los privilegios que gozan los que ostentan el poder, inevitablemente causará el repudio de la población que siempre va a subsistir de lo que sea capaz de producir en su desarrollo individual. La juventud y la ciudadanía tendrán que involucrarse para poder generar los cambios que se requieren en la sociedad; no podemos esperar resultados distintos si las personas son las mismas.

* Ingeniero industrial