• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

Heredero de civilizaciones milenarias, el movimiento indígena del Abya Yala, ha conservado su espiritualidad como hijo de la Madre Tierra, defendiendo sus territorios de la contaminación, actualizando sus saberes y conocimientos ancestrales para enfrentar los nuevos desafíos que impone la modernidad, manteniendo sus propias formas de organización política.

El movimiento indígena sí entiende al mundo occidental. La cultura occidental, en cambio, recién empieza a tomarlo en cuenta, cuando todos sus paradigmas –libre mercado, Estado nación, democracia representativa, crecimiento y desarrollo– están en aguda crisis y busca respuestas nuevas en sus saberes y prácticas ancestrales de diálogo y armonía con la Madre Tierra.

Las mayores reservas de agua, biodiversidad, bosques, minerales y conocimientos tradicionales, todos ellos bienes naturales y culturales, que históricamente han habitado los pueblos indígenas, se encuentran en manos privadas.

Estos sectores, buscan patentar los conocimientos de las comunidades, convirtiendo en mercancías que se venden y compran aquello que es patrimonio histórico intangible de los pueblos, tanto de esta generación como de las que vendrán. Y por la misma razón necesitan ampliar las fronteras de las industrias extractivas, para llegar a despojar hasta la última reserva de oro, cobre, petróleo y otros minerales.

Los pueblos y nacionalidades indígenas continúan enfrentando a fuerzas sociales, económicas, culturales y religiosas que penetran para eliminar la pobreza, aunque están apuntando a la eliminación de su ser cultural, para integrarlos como sea a un nuevo sistema de valores, en definitiva a terminar con la comunidad, para culturizarlo y desindianizarlo.

Para hacer frente a todos estos desafíos, los pueblos indígenas reivindican su derecho a la comunicación como una herramienta estratégica para la incidencia. De ahí su exigencia a los medios de comunicación masiva, es, que incluyan en su agenda, ya no como folclor sino en su real dimensión, para que dejen de estigmatizarlos como “arcaicos” y sepan que mucho tienen que ofrecer para garantizar el futuro de todos.

En estos últimos años, el avance de los pueblos indígenas y su reconocimiento como actor político, ha permitido el acceso a representaciones en la Asamblea Nacional, dignidades en los gobiernos seccionales autónomos.

En el caso ecuatoriano y boliviano, la constitución política reconoce los estados pluri-culturales y multiétnicos, participativos y de administración descentralizada, además recoge los derechos de los pueblos indígenas, a mantener, desarrollar, fortalecer su identidad y tradiciones en lo espiritual, cultural, lingüístico, social.

Por otro lado, conservar la propiedad de las tierras comunitarias, manejo de la biodiversidad y entorno natural. Mantener, desarrollar y administrar su patrimonio cultural e histórico, contar con un sistema de educación intercultural bilingüe, prácticas de medicina tradicional, incluido el derecho a la protección de los lugares rituales y sagrados.

Además de las conquistas sociales las comunidades y pueblos indígenas, se han fortalecido y están decididos a mostrar su propio ser, e interpretarlo sin ocultar nada, así como a ejercer la libertad dentro y fuera de su mundo cultural.

Al conmemorar 520 años de Resistencia y Dignidad los pueblos indígenas y sus organizaciones continúan debatiendo y aportando, para que en la Conferencia Mundial del 2014 los Estados discutan su propia agenda y no la que les impongan los países poderosos y las corporaciones multinacionales.

Están claros que los principios del buen vivir y la Madre Naturaleza no se negocian. Por lo tanto rechazan todo proceso de neo-colonización de su territorio, y recursos naturales. Este doce de octubre, es una buena ocasión para entender que los pueblos indígenas no son enemigos de la naturaleza sino que se consideran, hijos de ella.

“Nuestros pueblos originarios, nunca terminaron de entender, que la tierra pueda ser vendida, porque: ¿cómo va a ser vendida la madre?” (Eduardo Galeano)

* Periodista