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El domingo siete de octubre se realizaron elecciones presidenciales en Venezuela. Quienes tuvimos la oportunidad de dar un seguimiento puntual al proceso eleccionario debemos destacar y emular las lecciones positivas que dejó el ejemplo democrático del pueblo venezolano.

La votación fue increíblemente masiva. Desde tempranas horas los ciudadanos hacían filas para ejercer su derecho al voto, aun pasadas las seis de la tarde, los votantes permanecían en la Juntas de votaciones esperando su turno para votar. De un padrón electoral de 19 millones, votó 17 millones, casi el 90%. El 55%, votó por Hugo Chávez, un poco más de ocho millones y el 44% votó por el candidato opositor Henrique Capriles, más de seis millones de votos.

El día de la elección transcurrió tranquilo y pacifico con lo cual el pueblo venezolano dio ejemplo de civismo y de madurez política. El Tribunal Nacional Electoral (TNE), a las diez de la noche dio a conocer el primer resultado con el conteo del 90% de las urnas, dando como ganador indiscutible a Hugo Chávez.

Una vez conocidos los resultados irreversibles, el candidato opositor reconoció la derrota aceptando como triunfador al candidato del pueblo venezolano. El ganador de los comicios inmediatamente se reunió con el ex candidato Henrique Capriles, extendiéndole la mano de colaboración para que trabajaran unidos en beneficio del pueblo venezolano.

¿Qué nos enseña la democracia venezolana a los nicaragüenses? Primero: En Venezuela se ha venido forjando una derecha política unida y democrática. Esa unidad ha sido alcanzada después de muchos tropiezos. La derecha venezolana mediante un proceso democrático de elecciones primarias, consiguió presentar un sólo candidato para las pasadas elecciones presidenciales, lo cual les permitió obtener casi siete millones de votos; Segundo: la derecha logró reducir la brecha porcentual de las anteriores derrotas electorales a un 10%, cuando las diferencias eran abismales oscilaba entre un 17 y hasta un 20%. De seguir unida en forma democrática la derecha venezolana, en un futuro no lejano tendrá la posibilidad de alcanzar el triunfo electoral. Tercero: La experiencia nos enseña que sólo siendo auténticamente democrático es posible alcanzar la unidad política entre las diferentes fuerzas de la oposición.

El movimiento de izquierda en Venezuela, también es un ejemplo de unidad y de democracia política. El candidato Hugo Chávez, sin temor alguno, abrió los espacios políticos para que la derecha ejerciera el derecho a disputar la presidencia de la república, sin trabas, ni obstáculos de ninguna clase. El verdadero demócrata juega limpio, se ajusta a las reglas electorales, convencido de que sea el voto del pueblo expresado en las urnas la que decida la permanencia o no en el poder. En el demócrata no cabe el pensamiento fraudulento para burlar la voluntad popular. Aun Hugo Chávez, había declarado en reiteradas ocasiones que si perdía las elecciones, reconocería los resultados.

Desafortunadamente en Nicaragua, estamos lejos de poder emular la democracia venezolana, por cuanto aquí tenemos una derecha política antidemocrática, egoísta, que no piensa en el futuro del país, sino que su actuar se enmarca en intereses personales y de grupos. Por ello está fragmentada y atomizada hasta la medula de los huesos, sin posibilidades de levantarse del estado de postración en que se halla y mientras siga así, las posibilidades de retornar al poder seguirán siendo nulas de toda nulidad.

¿Qué podemos decir de la llamada izquierda? La izquierda en Nicaragua, quedó atrapada en el pasado, en la época de la guerra fría, es una izquierda antidemocrática, perdió la capacidad de convencimiento y todo lo quiere conseguir por medio de la imposición y la fuerza, conducta que a la postre la llevará a la destrucción.

* Abogado y notario público