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Encerrar en pocas palabras la vida de una persona cuya norma ha sido de dignidad y honestidad no es fácil. ¿Cómo resumir una vida ejemplar y lograr que jóvenes y adultos adopten ese modelo? ¿Cómo hacer para que la humanidad aprecie esos valores como lo más preciado de su vida? ¡Tarea difícil en un país donde muchos ni saben lo que significa.

Me permito rendir modesto homenaje y que muchos pechos se hinchen de contento al saber que contamos con hombres como don Enrique Alemán Flores, quien el año pasado celebró en un restaurante de Masaya su noventa cumpleaños. Don Enrique Alemán es un ser ejemplar en toda la dimensión de la palabra. Desde niño excelente hijo y luego, esposo y padre ejemplar; un hombre a quien el trabajo más humilde no lo avergonzó ni disminuyó.

Este maestro del Derecho fue trabajador obrero en su juventud. Siendo el hijo mayor, ayudaba a su mamá, doña Isidra Alemán González, en todos los quehaceres domésticos de una familia numerosa y pobre: barrer la casita, el patio, lavar pañales, acarrear el agua desde la Laguna de Masaya; oficio que empezaba a las 4 de la madrugada, y luego a sus clases de la escuela primaria, amén de ayudar a cuidar a sus 8 hermanos que su mamá procreó con otro compañero de vida. Enrique estiraba el tiempo para poder estudiar y trabajar con el objeto de aportar para el sustento familiar.

Toda una vida conmovedora que acrecientan mi respeto y admiración por él. En primer lugar su amor y consideración a su madre, quien lo parió y lo crió como madre soltera, siendo casi una niña, de 14 años, según cuenta el propio doctor en un librito con parte de sus memorias, que nos regaló en su fiesta de cumpleaños. Muchas veces, en sus largas caminatas, tenía que correr para aligerar el ardor de la tierra que abrasaban sus pies descalzos.

En su lucha de sobrevivencia, la calidad de sus puestos de trabajo rutinariamente oscilantes, no medraron su incólume dignidad y tesón. Vendedor de frutas, de zacate (para alimento de las bestias que llegaban a las fiestas patronales de Sn Jerónimo), peón, jornalero de huertas vecinas, barbero, maestro de primaria, peón de construcción cuando se trasladó a Managua en su anhelo por estudiar la carrera de Derecho, la cual culminó, tras derribar tantos obstáculos.

Guardador de herramientas, inspector en la Escuela Normal de Varones y despedido en no pocas ocasiones, bajo la sospecha de “revoltoso y agitador”. Preso en varias ocasiones, en la tristemente célebre cárcel “El hormiguero”, junto con varios compañeros de estudios e ideales.

El calor abrileño del 44 lo ubica en Managua estudiando Derecho en la Universidad Central de Managua, pero al cerrarla el gobierno de Somoza García, en el año 1946, vuelve a su pueblo. De nuevo trabajar en Masaya para continuar estudios en la Universidad de Oriente, en Granada. A menudo, a falta de recursos asistía a clases caminando el trayecto ida y regreso entre Masaya y Granada. Nada atemorizaba ni detenía las ansias de Don Enrique, de prepararse y servir mejor a su familia y a su país.

Siempre entre los mejores alumnos, y muchas veces el mejor, llegó a ser el primer bachiller monimboseño y también el primer abogado monimboseño. “Me sentí muy contento y satisfecho al haber obtenido el título de abogado, coronando una carrera que costó grandes sacrificios, desvelos, hambre y demás vicisitudes (“Por los caminos tortuosos de la vida. Mis memorias”, del doctor Alemán Flores).

Don Enrique escapó a varios saqueos, morterazos y desmanes de la guardia de Somoza. Luego vivió el fuego cruzado entre los rebeldes y la guardia. Fue muchos años defensor de dirigentes sindicales, abogado de los pobres, defensor de presos políticos, Magistrado del Tribunal de Apelaciones de Masaya, Procurador Departamental para Masaya y Carazo, fundador del Bufete Jurídico Boris Vega, y siempre hombre de bien.

Nuestra amiga en común, la galerista y diseñadora Iliana Remigi-Smith, dice que “don Enrique Alemán es de esos hombres que en Japón reciben el bien merecido titulo de Monumentos Vivientes, y por lo tanto son venerados por la sociedad en señal de respeto y estima, son los maestros de las nuevas generaciones”.

Ojalá en nuestro país la escuela y la familia eduquen para sembrar el país de personas como el doctor Alemán. ¡Larga vida, salud y bendiciones para don Enrique Alemán Flores! Ya pasaditos sus 91 años de edad.

*Periodista Cultural-Educativa

lesbiae@hotmail.com