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España se ha convertido en el país de la eurozona con mayor nivel de desigualdad social. Tras varias décadas de mejora gracias sobre todo a una política social activa y a la extensión de servicios públicos gratuitos y universales, la brecha entre los hogares que más ingresan y los que menos, no para de crecer desde hace cinco años, al tiempo que aumenta la pobreza. La crisis está afectando gravemente a la cohesión social.

El último informe de Eurostat confirma que las diferencias sociales aumentan gravemente. La brecha entre los que más ingresan y los que menos han crecido hasta el punto de situar a España en el primer lugar entre los 27 países miembros de la UE con mayor desigualdad social. A ello ha contribuido el desempleo desbocado, pero también los recortes en los servicios sociales de carácter universal y un aumento de la fiscalidad indirecta que penaliza más a los que menos tienen.

Las estadísticas confirman algo que se percibe a diario y cuyas consecuencias perdurarán: una parte importante de la población que menos ingresa son jóvenes que no pueden acceder al mercado de trabajo y que sufrirán el lastre de la crisis durante mucho tiempo en forma de menor cotización a la Seguridad Social, pérdida de oportunidades profesionales y dificultades en la formación de un patrimonio.

En un año se ha elevado dos puntos el porcentaje de hogares que viven bajo el umbral de la pobreza. Ahora, el 22% de la población se encuentra en esa situación, con consecuencias de todo tipo, incluso para la salud.

Si estas situaciones las compensara una política social potente, resultarían menos trágicas. Pero ocurre lo contrario. En 2010, los servicios sociales atendieron a más de ocho millones de personas, casi un 20% más que el año anterior. La cifra debe haber crecido sobremanera en 2011 y lo que llevamos de 2012. Pero cuando más se necesitaban, más ha recortado el Gobierno las partidas destinadas a estos fines.

Incluso en medio de la peor crisis imaginable se puede pedir una cierta reflexión. Aumentar la cohesión social cuesta mucho tiempo y esfuerzo. Destruirla, muy poco.

 

* Editorial El País