Edmundo Jarquín
  •   Managua, Nicaragua  |
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La reelección del Presidente Chávez se presta a muchas lecturas. Intentar comentarla, varios días después, pretendiendo tener algún valor añadido, cuando tanta tinta ha sido derramada sobre el tema, luce a primera vista una tarea extremadamente difícil. Sin embargo, los extremos de hipocresía y falsificación a que ha llegado la propaganda del gobierno Orteguista, aliviana la tarea.

Al día siguiente de las elecciones venezolanas aprecié cómo los medios Orteguistas celebraban, por todo lo alto y como propio, el triunfo de Chávez. Y no era para menos, con lo que se han beneficiado política y personalmente de la cooperación venezolana.

Como después viajé al extranjero tuve la oportunidad de encontrar a dirigentes políticos y analistas de diferentes partes de América Latina y el tema obligado era, desde luego, el proceso y resultado de las elecciones venezolanas. No podía ser menos, siendo que Chávez se ha convertido, de la mano de casi 900,000 millones de dólares que ha recibido por ingresos petroleros desde que llegó al poder, en un factor de gran influencia en la política latinoamericana, aunque, coincidían todos, en mengua esa influencia. Pero era unánime la opinión que Chávez seguía siendo un factor determinante en al menos dos países, Cuba y Nicaragua.

En las conversaciones que sostuve había opiniones para todos los gustos. Y me encontré algunas que comparaban el triunfo de Chávez con los “triunfos” de Ortega.

¡Ah!. ¡ah!, pará ahí, le dije a un amigo que comentaba al tenor de lo antes dicho.

¿Sabías, le pregunté, que en Venezuela se hicieron 16 auditorías técnicas del sistema electoral, incluyendo el Padrón, el cómputo y la trasmisión de datos, en presencia de técnicos y especialistas electorales de la oposición, y que esas auditorías, una vez hechas las modificaciones discutidas, fueron firmadas por los representantes de la oposición? Sí, claro que lo sé, me respondió, agregando que lo había leído en un artículo que publicó el Jefe de la Misión de Acompañamiento Electoral que envió la Unión Sudamericana de Naciones, Unasur).

¿Sabías, le repregunté, que la oposición en Venezuela tenía el derecho, si fuese el caso, a pedir un recuento de los votos a nivel de cada centro de votación? ¡Desde luego que lo sé!, replicó, ya un poco fastidiado porque quizá sintió que lo estaba tratando como un desinformado.

¿Sabías, continué, haciendo caso omiso del fastidio que había mostrado, que los venezolanos en el extranjero, que son una proporción bastante menor que los nicaragüenses que han emigrado, pueden votar?

Entonces, para no continuar fastidiándole dije: pues nada de eso es posible en Nicaragua.

Como vi que del fastidio pasaba a la perplejidad, volví a las preguntas:

¿Sabes que en Nicaragua el Consejo Supremo Electoral sigue sin dar el resultado del 8% del total de votos de las elecciones generales de 2006? No, no lo sabía me dijo, y agregó, ¡Chíngale, con ese porcentaje pudo haber perdido Chávez en Venezuela, más o menos! O hubiera perdido Peña Nieto en México, agregó.

¿Sabes, seguí, que si en Nicaragua el Consejo Supremo Electoral hubiese aceptado cotejar las actas de las elecciones municipales de 2008, el FSLN tendría 40 alcaldías menos, y Eduardo Montealegre sería alcalde de Managua, Ariel Terán el alcalde de León, Augusto Ayala el de Juigalpa, y así muchos otros dirigentes opositores en municipios importantes del país?

Con la perplejidad de mi interlocutor en aumento, continué.

¿Sabes que en mi Junta Receptora de Votos, donde nunca el FSLN en siete elecciones anteriores, había obtenido más del 34%, en las últimas elecciones sacó el 62%, porque esa fue la proporción que se asignaron de antemano a nivel nacional?

Como del fastidio había pasado a la perplejidad y de ahí al aturdimiento, mi amigo, mexicano para mayores señas, para quien no lo advirtió por el chíngazo que se echó, me dijo: Mundo, están fallando, no comunican bien, como yo, somos muchos los que en el extranjero no conocemos muchas de esas cosas.

Creo que mi amigo tiene razón. En general en el extranjero existe la impresión que Ortega en las elecciones de 2011 ganó, con irregularidades y con los votos no tan bien contados, como en Venezuela, ni con tanto margen como el que le atribuyó el Consejo Supremo Electoral, pero que ganó.

Bueno, y así concluyo esta reflexión, de la misma forma “ganaban” las elecciones los Somoza, y afuera y adentro, como ahora, por desinformación o por interés, se les creía.

 

* Economista