•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En una entrevista de Mónica Baltodano con Alfredo Sánchez (Memorias de la Lucha Sandinista), Alfredo dice: “Cuando nos damos cuenta, están atacando allá en Las Manos en el Norte, y en San Carlos tienen que retirarse. Cuando nos damos cuenta que el factor sorpresa está perdido, nos reconcentramos y comenzamos a chequear el cuartel. Observamos que por las noches estaban cuadriplicadas los postas, y le digo a Israel: ¿Por qué no elegimos otro lugar? Vámonos a Matagalpa, ahí hay donde retirarse, si acaso fallamos. Entonces me dice: No, hermano, aquí no va a haber retirada. La bebemos o la derramamos…”.

A mí siempre me ha parecido la gesta heroica frente al Cuartel de Masaya, la expresión más fiel y transparente del compromiso con la ética de los principios, que según Max Weber es propia de los santos y de los revolucionarios.

Teilhard de Chardin, al referirse a aquel que ha comprendido el sentido de la cruz dirá: Será como el átomo a flor de lámina dispuesto a desprenderse en razón del cosmos por el cual existe, o el soldado de la primera oleada dispuesto a morir en razón de sus creencias. Ernesto Che Guevara al referirse al revolucionario decía que era el motor impulsor del cambio que agota su existencia sin otra alternativa que la muerte.

No existe duda que en la etapa heroica de la Revolución Popular Sandinista prevaleció la ética de los principios y de la convicción del triunfo sobre la dictadura, por muy indestructible y acerada que parecía ser, y fue tal el poder de esta ética que a menos de dos años de aquella gesta, la misma dictadura se desmoronaba como castillo de naipes.

Después del triunfo del 79, y sobre todo a finales de los 80, esta ética comenzó a trastocarse y se convirtió más bien en un ropaje de retórica y de formas. Algunos líderes dijeron: Primero se caerán las estrellas del firmamento antes de que nos sentemos con nuestros enemigos; otro dijo: el poder que nos ha dado la Revolución no está para rifarse. Y los hechos posteriores nos demostraron que ni las estrellas se cayeron del firmamento y que el poder tuvo que “rifarse”.

Las condiciones de un desgaste económico nacional, y sobre todo la necesidad de reconciliación entre los mismos nicaragüenses, dio curso a una nueva etapa en donde la ética prevaleciente sería --de acuerdo al mismo Weber-- la de la responsabilidad.

Daniel Ortega, cuando aceptó la pérdida de las elecciones en los 90, estaba entrando a una nueva etapa histórica de nuestro país, en donde el principio básico de la convivencia nacional sería mediante la práctica de una ética de la responsabilidad. Lo que significaba aceptar el código de la democracia.

No fueron ambiciones personales, ni materiales, ni partidarias la que forzaron el tránsito de la ética de los principios a los de la responsabilidad. Fue el imperativo de una demanda histórica en razón de la propia nación. En ese sentido, el Frente Sandinista estuvo a la altura de las circunstancias. Lo que no es comprensible ni aceptable es lo que hoy sucede en las filas del sandinismo oficialista. ¿Cuál es la ética que hoy en día practica el partido oficialista en el Gobierno?

Dice Daniel Ortega que la Revolución vive una segunda etapa. ¿Acaso quiere decirnos que ha vuelto a la ética de los principios? ¿Cuáles principios? Y si a responsabilidades vamos, este Gobierno, si en algo se ha caracterizado, es en violentar precisamente el código básico de la responsabilidad, la cual es el respeto a la institucionalidad. Y de lo que menos podemos hablar hoy en Nicaragua es de institucionalidad --piedra angular de la ética y de la práctica de la responsabilidad--.

Lo que experimentamos es más bien una especie de regresión histórica. Porque a fin de cuentas estamos viendo el afloramiento de valores netamente somocistas como es la corrupción y el autoritarismo fáctico que se ha empoderado de todas las instituciones.

Octubre debe ser por eso un mes de profunda reflexión, y sobre todo, para el Comandante Ortega y sus allegados, pues no deben olvidarse que todo el poder que hoy gravita en sus manos es el acumulado de un legado de sangre y sacrificio de nuestros mártires y héroes.

En este 35 aniversario de Octubre Victorioso asistimos a un momento crucial para el devenir de nuestra patria. Si existe la conciencia suficiente que nos alumbre en la memoria de los caídos, quizás sea posible la rectificación y salir de esta miasma caracterizada sobre todo por la degradación de la ética.

 

* Ingeniero Químico-Industrial

slewites@cablenet.com.ni