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En 1912, bajo el régimen de la restauración conservadora que mandó al traste todas las reformas introducidas por la Revolución liberal, se confeccionó el córdoba, nombre que por cierto celebra al conquistador, acuñado con la frase ‘In God we trust’ (En Dios confiamos). Estos dos aspectos sintetizan la ideología de las “elites” nicaragüenses que por todo el ochociento y parte del noveciento, y por cuanto parece, todavía, lucharon por mantener vigentes los valores de la Colonia que la providencia mandataba y la jerarquía católica, como imperativo categórico, bendecía desde sus púlpitos.

José Santos Zelaya, héroe nacional, en su misión modernizante despojó a la Iglesia de su poder temporal y liberó al Estado del oscurantismo teocrático conscientemente, rompiendo el modelo; desató una plena confrontación con la jerarquía religiosa, quien junto al “patriciado” criollo conservador y la intervención imperial naciente precipitaron su caída.

El gran problema de la Iglesia católica de Nicaragua y de las otras denominaciones religiosas es que siempre han tratado de imponer su verdad no solamente a sus fieles si no también a todos los ciudadanos no creyentes, transformándose en la práctica en una verdadera religión civil que reclama las ventajas de la acción mundana y los privilegios de una pretendida inspiración divina que les concede el monopolio ético, impidiendo el desarrollo de una moral laica a partir de una verdadera educación cívica.

En una democracia no existen principios no negociables. Una democracia no posee verdades indiscutibles y el relativismo no es su debilidad, sino su fuerza y validez.

La idea de poseer la verdad fue prerrogativa de los estados éticos y nosotros conocemos cuantas atrocidades, durante el sanguinario novecientos, el fascismo, nazismo y comunismo cometieron.

Como ejemplo de una sociedad abierta, donde la libertad y difusión del pensamiento convive con el pleno respeto de las opciones individuales, recordemos un caso en los Estados Unidos: hace algunos lustres, cuando el senador democrático negro por Nebraska Ernie Chambers introdujo una denuncia en los tribunales contra Dios, acusándolo, entre otras cosas, de ser responsable de terremotos, huracanes, guerras, con el fin de obtener obediencia total.

La Corte de Nebraska consideró improcedente la causa, alegando que Dios no tenía dirección conocida adónde dirigir el aviso de la apertura del juicio, y dado que el Papa se declara vicario de Dios en la tierra, una dirección ciertamente existía, por lo que todo repercutió como un revés para el Vaticano.

En el país del presidente Barack Obama la religiosidad se expresa con fórmulas rituales como “so help me (us) God”, “God bless you” y otras invocaciones que asumen un significado diverso de lo que tienen en Nicaragua. Estas fórmulas reconocen un origen puritano–protestante que sabemos establece una relación con la divinidad totalmente diversa de los católicos.

En la tierra del dólar el llamado a Dios que aparece en las monedas y billetes hace parte del patriotismo que incluye a la divinidad en el culto a la nación, muy parecido por cierto a lo que acontecía en la Roma clásica, donde el emperador, jefe político, era asociado a la divinidad (Divus Augustus), cargo que el Papa católico más tarde asumió durante el proceso de asimilación y aniquilamiento del Imperio Romano de Occidente por parte de la Curia y las invasiones bárbaras.

Es un error confundir el universo de la religiosidad americana con la nuestra. La historia no puede ser ultrajada y debe conocerse en su verdadera dimensión. El alborozo de los nuevos defensores de la democracia es el mismo que manifestaron durante Las Cruzadas con la invención del término de “Guerra Santa” para defender las “fronteras cristianas” de Occidente, es decir, sus intereses.

 

* Médico