•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El periodista y escritor peruano Mario Vargas Llosa define que el individuo es producto de la libertad, y que la libertad es inseparable de la cultura y los sueños del hombre latinoamericano (La cultura de la libertad: 1985).

Este planteamiento invita a una mirada retrospectiva y prospectiva, partiendo del escenario político actual en América Latina, donde la terminología libertad se ha impuesto como visión única, por medio de las grandes cadenas de medios, la industria del cine, espectáculo y propaganda, bajo la hegemonía del mercado, la Iglesia, partidos políticos y el Estado.

A pesar que el individuo desde siempre ha pretendido ser socialmente libre, la historia demuestra que tampoco ha estado exenta del fenómeno de verdad única, representada en el siglo pasado por gente como Stalin, Hitler, Mussolini y Franco.

La filóloga y escritora Christiane Zschirnt, en “Libros. Todos lo que hay que leer” (2004), muestra un devenir histórico sobre el amor, sexo, política, economía, civilización y las mujeres, y confirma que en todos esos temas la libertad no está reñida con el poder, sino que está presente de manera transversal en los diversos espacios del individuo.

Y es que la cultura de la visión única, lejos de ser un proceso propio de América Latina, también tuvo presencia en sociedades consideradas hoy como referentes de libertad.

Según Robert Darnton (“Una de las primeras sociedades de la información. París en la segunda mitad del Siglo XVIII”), las letras y libre pensamiento estuvieron condicionados desde la perspectiva del poder, y por eso toda nouvelles y libros para ser divulgado debían contar con el visto bueno o retiro de publicación de los censores.

En realidad el fenómeno de visión única es un patrón sintomático del poder. En el caso de Nicaragua, el politólogo e historiador nicaragüense Emilio Álvarez Montalván (Cultura Política Nicaragüense: 2006) advierte que la ausencia de cultura de libertad obedece al comportamiento “heteronomio” de los gobernantes.

Se trata de una actitud de “dependencia externa mental y material (que) nos ha entumido para tomar decisiones que nos integren nacional y regionalmente, y nos permitan aceptarnos los unos a los otros”, expone Montalván.

Lo más grave de la visión única fue el saldo contra la libertad de expresión que se registró a lo largo del siglo XX, siendo el caso más emblemático el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en 1978.

En el presente, aunque los métodos de censura han cambiado, el poder público y privado continúa empeñándose en hipotecar la libertad mediante la concentración de medios para imponer su visión única; el debate continúa siendo prisionero del monólogo y la polarización, y las demandas de políticas públicas de los grupos minoritarios siguen siendo excluidas del debate público.

Frente a este escenario podemos afirmar que la libertad continúa siendo la peor negación de derechos humanos, en la medida en que se priva el derecho al desarrollo humano y social.

Para superar esa visión única y alcanzar una auténtica cultura de libertad, como expone Vargas Llosa, resulta necesario tejer un nuevo diálogo inclusivo, plural, diverso y amplio que represente a todas las expresiones culturales, políticas, sociales, económicas, religiosas, etc., donde se preste mayor atención a la comunicación alternativa y participativa y se logre construir una nueva cultura de libertad a partir de ese “reencuentro con el otro” (Ryszarsd Kapuscinki) en un escenario de diálogo, disenso, consenso, tolerancia a las ideas y la palabra.

 

* Comunicólogo y docente