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El perfil ocupacional de taxista presenta en nuestro país características muy particulares, que lo hacen diferente del taxista de otros países. Nuestro taxista no tiene tarifas fijas, ni quiere saber nada de taxímetros. Calcula el valor de la carrera tomando en cuenta no solo la distancia, también el barrio, la hora y la demanda potencial de servicios del trayecto.

No a todos los pasajeros les cobra igual. Al primero que toma el taxi le cobra más caro. Al segundo, tercero, cuarto, les va cobrando menos, siempre que se dirijan cerca del lugar donde va el primero. Los taxis en Nicaragua funcionan como colectivos de pasajeros y a precios variables, según las circunstancias.

El taxista, para cobrar toma en cuenta la apariencia del pasajero. Si lo ve mejor vestido le cobra más, pensando que debe tener más reales. Si lo ve ansioso, o apurado por llegar a su destino, también le cobra más.

Nicaragua es uno de los pocos lugares del mundo donde el taxista y el pasajero, antes de viajar, regatean el valor del pasaje: “¿Por cuánto me llevas a Iniser? C$50 pesos. Llévame por C$40. Te llevo por C$45. Vámonos pues”.

Es corriente que taxista y pasajero conversen cordialmente en el camino, sobre política, religión, cuestiones económicas y hasta de cosas personales. En lo particular, me ha llamado la atención que algunos sean personas ilustradas y de buen criterio, siendo también que hay profesionales universitarios, que por falta de oportunidades se han dedicado a “taxear”, de modo que algo se aprende cuando viajamos en taxi.

Por las características de su ocupación, el taxista está expuesto al estrés; es decir, a fatiga y agotamiento nervioso, derivado de las tensiones o presiones intensas a que está sometido a diario en el ejercicio de su oficio.

En primer lugar, no tiene asegurado los “frijolitos” de su grupo familiar. A veces lo que recibe de los pasajeros no le alcanza para la gasolina, que sube de precio más rápidamente de lo que el pasajero puede pagar. Su suerte depende principalmente de los fines de semana, días de pago en empresas e instituciones del Estado y de los días festivos.

No contar con un ingreso seguro, como los trabajadores con salarios fijos le causa incertidumbre y ansiedad, más cuando también debe pagar la cuota diaria por alquiler del taxi si es cadete, o el abono mensual al banco, si es propietario.

A la penuria económica se suman el calor ambiental, la tensión frente al rojo del semáforo, el quedar atrapado e inmovilizado en el tráfico congestionado, el policía que lo detiene y le pide documentos, estar alerta frente al motociclista que invade su carril, o de otro taxista que lo aventaja, o del vehículo que frena de pronto y lo obliga a maniobras desesperadas.

¿Y qué no decir de la tensión que también genera la posibilidad que lo asalten en la noche o en un sitio despoblado? Todas estas incidencias repetidas a lo largo de días, semanas, meses, son causa de trastornos orgánicos, propios del estrés prolongado, como ansiedad, irritabilidad, insomnio, presión alta, enfermedades del corazón, dolores de espalda, trastornos digestivos, úlceras y migraña, síntomas que son más agudos en aquellos que han perdido toda esperanza futura y tienen pobre valoración de sí mismos.

De acuerdo con el perfil ocupacional que hemos descrito, la personalidad del taxista debería poseer las siguientes cualidades: saber psicología para negociar el valor del pasaje, manejar las relaciones humanas para no entrar en conflicto con otros taxistas y conductores, ser resistente a las tentaciones para no cometer ilícitos, salud mental para soportar frustraciones y salud física de hierro para no enfermarse. En resumen, parecerse a Superman.

 

* Psicólogo. Doctor Honoris Causa UNAN-MANAGUA.

naserehabed@hotmail.com