•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La relación bilateral más importante del mundo, Estados Unidos-China, no podía estar ausente de la campaña presidencial estadounidense. Como han hecho todos los retadores en las últimas dos décadas, Mitt Romney arremete contra la actual administración Obama por ser “blandengue” y promete “ser duro” con los chinos.

El exgobernador y candidato republicano sabe muy bien el descontento de millones de trabajadores cuyos empleos en las industrias tradicionales se han ido hacia China, en particular, en estados clave como Ohio.

En los círculos de poder y académicos de Washington se alimenta mucho recelo ante el avance chino y se conjetura sobre una futura rivalidad mundial y en Asia.

El aspirante a la Casa Blanca repitió – un argumento de todas las administraciones estadounidenses desde la de Bill Clinton – la queja de la manipulación del yuan, subvaluado artificialmente frente al dólar para hacer las exportaciones chinas más competitivas, lo que además contribuiría a un gigante déficit comercial (un superávit para la República Popular China, RPC).

En 2011, el comercio bilateral totalizó US$ 540 mil millones; EU exportó US$129 mil millones e importó US$ 411 mil millones, según datos de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR). Es decir, el déficit estadounidense fue de US$ 282 mil millones.

Todos los gobiernos de EU desde la década de los 90 han presionado a Pekín para hacer subir el valor del yuan, logrando sólo medidas parciales. Romney tampoco explica cómo obligará a los chinos.

“China hace trampas”, inunda el mercado con productos baratos, acusa, y, por ello tiene ventajas. Una afirmación simple y populista, sobre todo viniendo de un empresario exitoso, puesto que las ventajas competitivas chinas en comparación con otros países están dictadas por las condiciones de la economía local y por las exigencias de los mercados globales.

Un obrero chino en las ciudades costeras como Shanghai o Shenzhen gana un salario mensual muy por debajo de los US$ 500. En el interior, mucho menos. Las grandes corporaciones no podrían pagar semejantes salarios en EU. La mano de obra barata calificada abundante y carente de derechos laborales y políticos iguales a los de los estadounidenses, es una ventaja competitiva que ninguna economía desarrollada podría imitar.

En una ocasión, reunido el presidente Barack Obama con los líderes de la industria tecnológica, según relata un reportaje de The New York Times, preguntó a Steve Jobs de Apple qué había que hacer para hacer retornar esos trabajos a suelo estadounidense – los iPhones, los iPads y otros famosos productos son producidos en China por la taiwanesa Foxconn para Apple.

“Esos trabajos jamás regresarán a Estados Unidos”, fue la lapidaria respuesta del fundador del gigante de los dispositivos inteligentes móviles. Jobs sabía lo que decía. Obreros altamente calificados, buenos ingenieros informáticos y otros especialistas en China cuestan muchísimo menos allí.

Además, por disposiciones legales y laborales, no es posible hacer reacomodos instantáneos de turnos en la cadena de producción en Estados Unidos como sí se hace con trabajadores chinos que duermen en barracas dentro de los complejos de Foxconn, como lo demandó el cambio de las pantallas de los primeros iPhones.

Además del valor del yuan y el déficit comercial, Washington y Pekín tienen otras serias diferencias: robo de propiedad intelectual de las firmas estadounidenses; prácticas de dumping y otras anticompetitivas; el grado de apertura de sectores económicos y el financiero en la RPC a la inversión extranjera; derechos humanos; espionaje militar e industrial; y en el plano diplomático, la actitud dura de China en conflictos territoriales con vecinos añade tensión a las alianzas de esos países con EU. El Congreso ha vetado compras de empresas nacionales por firmas chinas por supuestas amenazas a la seguridad nacional, dando la espalda al tan pregonado principio de libre empresa.

China es el tercer mercado de exportaciones de EU, el mercado estadounidense es el principal destino de las exportaciones chinas. Con las reservas monetarias más abultadas del planeta, la RPC es el principal tenedor de bonos del tesoro federal, y, por tanto, el principal acreedor y prestamista de Washington.

Para el retador Romney hablar es muy fácil. Pero la interdependencia llega demasiado lejos como para que un presidente estadounidense se lance a una aventura de guerra comercial total que ponga en riesgo el acceso de las grandes corporaciones al mercado chino de consumidores o al laboral.

Si no, pregúntenle a Apple, a Boeing o a Ford.

 

* Analista de asuntos Asia –Pacífico