Jorge Eduardo Arellano
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Fue realmente impresionante ver cómo los medios de comunicación social, los líderes de la Coordinadora Civil, el Consejo Superior de la Empresa Privada, los partidos políticos de derecha, el MRS y un sinnúmero más de personalidades de toda índole, recibieron conmovedoramente y con alegría la última carta pastoral emitida por la Conferencia Episcopal de Nicaragua en torno a la situación política, social, económica y moral que atraviesa nuestro desventurado país.

Quisiera creer que el nombre de “Pastoral Profética”, “Carta de Salvación”, “Brújula Cristiana”, “Documento Orientador” y otros títulos más que los medios y personalidades aludidos le endilgaron a este último documento, realmente refleja una preocupación colectiva y nacional del clero católico por el rumbo cada vez más incierto en el que transcurre la vida de los nicaragüenses de a pié, que usamos camisas de cuello común y corriente y no sotanas vaporosas y labradas, de las que suelen fabricar tan delicadamente las hermanas Clarisas o las novedosas casas apostólicas de la moda.

Quiero creer que realmente existe una preocupación cristiana, solidaria y humana de parte de los sacerdotes y la Conferencia Episcopal, tomando en cuenta que la inmensa mayoría de los integrantes del clero nicaragüense provienen de hogares de tan escasos recursos, que de no ser por el seminario como alternativa de vida, la mayoría de los actuales sacerdotes estarían trabajando como obreros agrícolas y mano de obra barata en El Salvador o Costa Rica, a donde emigra el habitante común de nuestro país.

Pero la duda me surge, cuando hace apenas unos domingos, en la sección religiosa de un diario de circulación nacional, monseñor René Sándigo, a nombre de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, sacó unas cuentas e hizo una propuesta que todavía me tienen asombrado: en resumen, el religioso señor Sándigo expresó en la entrevista que en Nicaragua el 85% de la población es católica, apostólica y romana; agregó que el 100 % de los católicos tributan impuestos al Estado nicaragüense, entonces --infiere y argumenta el sacerdote en mención-- un porcentaje de estos impuestos deberían ser destinados directamente a las arcas de la Iglesia, misma que administraría esos recursos para su manutención y para la realización de obras de caridad. (¿?)
Ante tan increíble, oportunista, ilegal y anticonstitucional solicitud mi sorpresa NO FUE MAYÚSCULA. Es más, ni siquiera fue sorpresa, ya que inmediatamente se me vino a la memoria, la historia más reciente de la Iglesia Católica en su relación con el Estado nicaragüense.

1.- La actitud “profética” de la Iglesia Católica: el clero y la Conferencia Episcopal en los años 80, estuvo permanentemente acompañada de millonarias donaciones de parte de organismos e instituciones como la CIA, Caritas internacional, Lumen Christie. Fundación Heritage, Opus Dei y otras instituciones que con el correr de los años generó un nivel tal de capitalización y corrupción, que el principal cabeza de la Iglesia en Nicaragua y sus familiares más cercanos, dueños de Coprosa, terminaron “reclutados por dependencia” como colaboradores directos de sus anteriores adversarios, so pena de ir a los tribunales. Es por eso que S.E.R. Cardenal Obando preside hoy una comisión gubernamental y sus familiares son embajadores, magistrados presidentes o cualquier cargo del poder temporal y férreos defensores del partido de gobierno.

2.- Posterior a la derrota electoral de los sandinistas de los 80, los destacados obispos y monseñores de la C.E.N. recibieron como premio de parte del gobierno de doña Violeta, de don Arnoldo y de don Bolaños, edificios públicos, universidades, propiedades rurales, plazas, toyotonas, cuentas, exoneraciones y cuanto pudieran obtener del botín Nicaragua. Bosco Vivas, Abelardo Mata, Bismark Carballo, son tan sólo algunos que vieron crecer su patrimonio, sus cuentas bancarias y la de sus familiares, bajo el concepto de defensores de la democracia cristiana y occidental al estar de acuerdo en que era “preferible matar el cuerpo pero no matar el alma”, como afirmaba un fallecido y famoso obispo de la década de la noche oscura. Es decir, por su “lucha” fueron capitalizados en los 80 y enriquecidos en los 90 y 2000.

3.- Actualmente el clero católico ha dividido sus actuaciones, mientras unos “colaboran” y defienden el poder temporal, otros corren a Roma a quejarse de la “radicalización” del gobierno, le piden a don Benedicto que se pronuncie y meten en miedo a los gobernantes. Tremenda estrategia. Los gobernantes, habilidosos estrategas de la negociación y renegociación, mandan a don Gregorio a entregar al obispo de la Diócesis la casa de los combatientes históricos de León que está frente al monumento de Don Máximo Jerez, que da la espalda a su sagrada catedral.

En resumen, no importa que las cuentas no cuadren, que sea falso y exagerado que la feligresía católica sea del 85 % de la población nacional, que ya se le haya entregado un buen porcentaje del erario público a los herederos de don Tomás Moro y de Zumárraga, exterminador de indios. No importa si la estrategia resulta correcta; ya verán ustedes cómo los nuevos diáconos, los actuales gobernantes, terminarán entregando el escuálido Presupuesto General de la nación, del paisito, a Doña Iglesia, la de las manos muertas. Siga pujando Monseñor Sándigo, lo pueden lograr.

Bienaventurados los pobres de nuestro país, porque de ellos seguirá siendo el éxodo.