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Este artículo está basado en un escrito de Damian Lima.

Muchos creen en espíritus y fantasmas; aun entre personas inteligentes y educadas. Frecuentemente estas creencias se basan en experiencias personales inexplicables: extraños sonidos nocturnos, sombras atravesando pasillos en la oscuridad, un retrato que se desplomó sin motivo, etc. Como sucede en todos los casos fantásticos, nunca hay un evento claro y definitivo que presente evidencias contundentes aceptadas por todos.

La ciencia no lo puede explicar todo, pero es la mejor herramienta disponible para conocer el mundo. No existe nada que no tenga explicación científica y que haya sido comprobado como cierto por algún otro método.

La creencia en espíritus está muy arraigada porque alimenta la esperanza de la supervivencia después de la muerte. Las religiones se han encargado de nutrir esta creencia con lugares imaginarios como el infierno y el paraíso, reencarnaciones en otras formas de vida, etc. Lo que las personas quieren creer que persiste tras la muerte, llámese espíritu, alma o conciencia, es sólo un producto de la actividad neuronal en nuestros cerebros y no algo separado de nuestro cuerpo. La neurociencia ha dado enormes pasos en explicar la conciencia humana, el modo en que las interconexiones neuronales y los intercambios químico/eléctricos en nuestro cerebro nos dotan de inteligencia, de conciencia y de identidad individual. Se trata de 90,000 millones de neuronas, cada una con más de 10,000 conexiones.

Si observamos un cielo nublado, fácilmente encontramos formas reconocibles en las nubes. Este fenómeno psicológico se denomina “pareidolia” y es un vestigio evolutivo que nos lleva a percibir un estímulo aleatorio erróneamente como algo reconocible. Este prejuicio cognitivo es aplicable a toda clase de ilusiones ópticas.

También solemos engañarnos a causa de la “apofenia”, que consiste en percibir patrones, conexiones, o ambas, en sucesos aleatorios o en datos sin sentido.

Un ejemplo de apofenia sería el siguiente: sin saber acerca del estado del clima cierro los ojos y afirmo que va a llover. Entonces empieza a llover. ¿Poseo yo el poder de predicción de la lluvia o de ocasionarla? De ninguna forma: lo que sucede es que a veces llueve, y a veces no. Sólo se produjo la coincidencia de que yo afirmé que llovería y empezó a llover. Si yo dijera “va a llover sapos”, y esto sucediera, sí podríamos empezar a dudar.

La pareidolia y la apofenia pueden llevarnos a percepciones engañosas de la realidad. Nos inducen al arribo de conclusiones equivocadas a partir de premisas engañosas y poco precisas. Esto se acentúa por la sugestión y el miedo que ésta produce. Las historias de fantasmas no ocurren a plena luz del día en parques iluminados rodeados de flores y mariposas, sino de noche, en lugares oscuros o en casas muy antiguas en donde se es propenso a ver sombras y a escuchar ruidos extraños.

Aunque vemos sólo una pequeña franja del espectro electromagnético, entre el rojo y el violeta, eso no significa que el resto de dicho espectro se encuentre poblado de fantasmas. En el campo de la física tenemos una idea clara de aquello que compone la naturaleza: conocemos las interacciones subatómicas, las reacciones químicas que producen los electrones, comprendemos de qué está hecha la luz, etc. Es decir, sabemos exactamente de qué está hecha la materia que conocemos, con algunas excepciones, que no incluyen a los fantasmas, como la materia oscura y la energía oscura. Conocemos otras regiones del espectro electromagnético fuera de la luz visible, mediante toda suerte de instrumentos tecnológicos. Son regiones estudiadas por la ciencia en donde no se encuentra ningún espíritu. No hay fantasmas en infrarrojo ni espíritus en ultravioleta.

Los fantasmas y espíritus existen del mismo modo que un arcoíris existe. Un arcoíris es una ilusión óptica producto de la incidencia de la luz sobre las gotas de lluvia; no es algo real y tangible que pueda tocarse, sino que depende del observador para existir y de sus ojos captando la ilusión provocada por la descomposición de la luz. Análogamente, los espíritus son una ilusión producto de la mente del individuo, que bajo un estado de sugestión y por algunos defectos evolutivos en el cerebro, se engaña a sí mismo y cree percibir cosas donde realmente no hay nada.

 

* Ingeniero y músico

pedrocuadra56@yahoo.com.mx