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En Poesía reunida de Carlos Martínez Rivas, anotada por Pablo Centeno-Gómez, se incluye al final una serie de traducciones y versiones entre las cuales figura un poema del poeta irlandés Charles Wolfe: “El enterramiento de Sir John Moore en La Coruña”. La traducción data de septiembre, 1963, “en honor de Manolo Cuadra”. Pero Centeno-Gómez no obtuvo referencia alguna del autor: nacido en 1791 y muerto en 1823; graduado en el Trinity College de Dublín, fue sacerdote católico y escribió dos epitafios para su mentor Thomas Meredith; pero su poema más célebre y celebrado —de 1812— es el traducido por Martínez Rivas.

Se trata de una elegía al general del ejército inglés John Moore Sinson (Glasgow, Escocia, 1761-La Coruña, España, 1809), quien tomó parte en la guerra de la independencia de España contra las tropas napoleónicas, hallando la muerte en la batalla de Elviña, librada en las cercanías de La Coruña. Desde septiembre de 1807, Moore tenía establecido su cuartel general en Salamanca, y al enterarse de la llegada a la península de nuevos contingentes franceses en cifra superior a la suya, decidió emprender la retirada hacia Galicia. El 11 de enero de 1809 ya estaba en La Coruña, cuando aún no había arribado al puerto la escuadra que habría de trasladarlo a él y a sus tropas a Inglaterra.

El 14 de enero llegaron los franceses coincidiendo con la de la escuadra inglesa y al amanecer del 16 de enero de 1809 se enfrentaron los dos Ejércitos que representaban las tendencias opuestas de la política europea, acaudilladas por dos colosos en el arte de la guerra: el británico Sir John Moore y el mariscal francés Juan de Dios Sout. Alcanzado por una bala de cañón en el hombro, Moore tuvo que ser evacuado de la línea de fuego, pero logró reembarcar al grueso de sus tropas y Sout ocupó la ciudad en seis meses.

Moore Sinson expiró, rodeado de sus consternados ayudantes, a las diez y media de la noche del 16 de enero; y su cadáver fue conducido al pie de la muralla del baluarte de San Carlos. De los detalles de su enterramiento es que trata la inmortal elegía de Wolfe, traducida por CMR con su rigor verbal: “Ni tambor ni nota funeral se oyó cuando / su cadáver llevamos detrás del parapeto; / Ni un tiro de descarga fue disparado / Sobre la fose en donde enterramos nuestro héroe…” —dice su primer cuarteto.

A continuación los siguientes: Lo enterramos a oscuras muy de noche / Sacando los terrones con nuestras bayonetas, / Al rayo de la luna que hendía la neblina / Y al palor de la mortecina linterna. // Ningún féretro cubrió su pecho / Ni en sudario ni sábana lo arropamos; / Él yacía como un guerrero que reposa / en su capa marcial ovillado.

Las preces fueron pocas y breves y ni una / Frase de duelo fue pronunciada; / mas, fijamente mirábamos la faz del muerto / Y amargamente pensábamos en mañana. // Pensábamos, cavando el angosto lecho / Y la austera almohada de tierra alisando, / Que el extranjero hollaría su frente ¡mientras / Nosotros, allá lejos, en la ola, navegáramos!

Ya la faena a media cumplíamos, cuando / El reló nos llamó a retirada; oímos / El distante y desconcertado cañón / Que el adversario disparaba aturdido. // Despacio y tristemente lo hundimos / En Tierra, de su sangre aún fresca y roja; / No alzamos ni una piedra, ni una línea grabamos, / Pero allí lo dejamos a solas con su gloria.

 

* Escritor e historiador