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El Universo requiere la eternidad, escribió Jorge Luis Borges. La razón por la que el Universo es eterno es que no vive para sí mismo, sino que transforma y da vida a los demás. El libro de Eclesiastés reza: “Él ha puesto la eternidad en el corazón de los hombres.” Renunciaron a la vida eterna, desobedecieron y la obtendrán de nuevo una vez que se vuelvan a Dios.

Infinita es la creación más no el Big Bang, ha tenido un comienzo. Evidencia tautológica del tiempo. Su expansión inflacionaria tuvo un cordón umbilical que se cortó hace 13.7 mil millones de años según certificado de nacimiento expedido por el mundo científico. No al ojo de buen cubero sino a magníficos telescopios aquí en la tierra como en el cielo. Ni con Hubble habría podido ser así de haber sido trascendente e inseparable. Una alergia científica a ese inmanente panenteísmo lo inmunizó después del parto cósmico. Santo remedio.

Algunas fotos del satélite espacial COBE lo describen “gateando” durante los primeros años de vida en una imagen arrugada del tiempo que lo hicieron confundir con Dios. Lo hemos visto, es como ver a Dios, dijo el Nobel de Física George Smoot en 1989.

Discurriendo sin interrupción a través de la flecha del tiempo, en recientes retratos tomados por el WMAP y el observatorio Planck en 2009 se le reconocen nuevos tipos de materia y energía oscura que delimitan su anatomía astronómica e irreversible mostrando una neta asimetría entre pasado y futuro.

Su geometría plana es algo incierta por alguna fluctuación cuántica. Incógnita ciencia de lo elemental. Sin dejar de sorprendernos con su elegante traje pletórico de incontables galaxias y nebulosas multiformes vibrando con luces brillantes y armónicas.

Al rastro lejano de su figura impregnada de temperaturas incandescentes le acompaña el ruido de fondo cósmico, vislumbrándose soberano en un horizonte limitado por la dificultad de los modelos cosmológicos donde no existe manera de explicar por qué a gran escala parece uniforme y homogénea. Omnipresente, no parece el resultado de evoluciones azarosas e independientes. Pleno de una isotropía inverosímil sin haberse “sintonizado” en todos los puntos del Universo.

Es un presente astronómico que se aleja hacia el futuro, cuya razón de ser no se reduce a la existencia homogénea de una sucesión infinita de ciclos. Persiste la incertidumbre de la vejez de un Universo inflacionario que aún es un adolescente despilfarrando sus energías de tiempo en eones desconocidos. Son gajes en los fundamentos de la estructura de la realidad que la ciencia aun no esclarece ¿Algún día lo hará?

Hawking defiende la creación del Universo como un objeto cuántico asumiendo el concepto de un “estado sin fronteras” regido aún por principios lógicos y racionales. No obstante, se considera solo un comienzo relativo de un nuevo estadio en la evolución cósmica, no un principio absoluto.

En el contexto de la cosmología cuántica se le aprecia retador ante el Dios que rellenaba los huecos del ambiente medieval. Solo que en esas circunstancias cosmológicas no hay objetos físicos salvo leyes cuánticas, principios universales de lógica y la función de onda del Universo en la inmanente eternidad de Dios: el Logos cósmico.

 

* Médico cirujano