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En el segundo de los tres debates presidenciales, el de Nueva York, Barack Obama ha llevado la iniciativa y se ha revelado más agresivo y convincente que Mitt Romney. Puede haber recuperado una parte del terreno perdido en el primer encuentro de Denver, tras el que el republicano se situó por primera vez como presidenciable en las encuestas, quitando al presidente apoyos cruciales entre mujeres e hispanos.

Pero Romney aguantó bien. No es probable, en todo caso, que muchos electores dudosos se hayan aclarado. De estos intercambios no se despeja en qué consistiría un primer mandato de Romney o un segundo del actual presidente.

En esta apasionante campaña estadounidense de 2012, los debates en televisión se han convertido en un factor decisivo. Hoy por hoy, las encuestas arrojan un empate técnico ante la jornada del primer martes de noviembre. Tanto como esos debates o más pesa el dinero que las campañas de los candidatos dedican a anuncios en televisión y otros medios.

Está por ver si el actual presidente demócrata recupera su ventaja. De momento, en Nueva York vimos a un Obama más sólido, que defendía su terreno en materia de impuestos, sanidad, igualdad de la mujer, disparidad salarial e inmigración. El candidato republicano tuvo sus momentos más firmes al cuestionar la situación económica y el desempleo, con cifras que han mejorado -7,8% en septiembre-, pero que son altas para EU.

Hasta ahora se ha tocado poco la política exterior que, en tiempos relativamente tranquilos, apenas interesa a los ciudadanos estadounidenses, aunque mucho a los del resto del mundo. En este terreno, las diferencias son escasas. La mayor puede ser el gasto en Defensa, que Obama quiere reducir en casi un 3% y Romney, aumentar un 4%; una diferencia de 2.000 millones de dólares, que no es banal.

Obama tiene un balance que presentar, y una línea que preservar ante un Romney que ha ido cambiando sus perfiles al albur de las circunstancias. A este lastre suma otro que reapareció en el debate (pero de escaso peso en el votante): el fantasma de George W. Bush, bajo cuyo mandato empezó la crisis financiera y económica.

 

* Editorial El País